Editorial / OCTUBRE 26 DE 2020

Qué problemita

En este caso tiene que operar la sanción porque la autorregulación y el diálogo ya no funcionaron, increíble que la tranquilidad de la ciudad dependa de unos personajillos de dudosa reputación que andan sin dios ni ley.

Qué problemita

Hay un grupo de jóvenes, entre ellos varios menores de edad, que tomaron como costumbre reunirse detrás de una de las porterías de una cancha sintética de fútbol, en sector de Oro Negro, en los bajos de la Universidad Antonio Nariño. Todos los días, especialmente los fines de semana, llegan los muchachos en carros y motos y comienzan una fiesta hasta la madrugada que incluye consumo de toda clase de drogas y de licores, y, por supuesto, los vehículos, además de convertirlos en chimeneas, también sirven de moteles. Cuando se les acaba el surtido, con solo un mensaje de texto vía WhatsApp los aprovisionan de lo que necesiten bien ‘rapidísimo’.

Entre semana los estudiantes y docentes de la Antonio Nariño no tienen otra salida que cerrar las ventanas de los salones para que el humo y el olor a marihuana, provocado por los nuevos dueños del andén, no les impida ver las clases, pero aun así logran perturbar el normal desarrollo de las actividades académicas porque la algarabía es francamente insoportable. No han valido las solicitudes formales de las directivas de la universidad a los inoportunos visitantes para que entiendan que están generando incomodidades.

Para los vecinos residentes del sector el problema es el mismo, y también todos los días. El descanso de los habitantes de las casas y apartamentos cercanos a este perverso ‘parche’  se perdió, los equipos de los carros, la bullaranga, incluida toda suerte de expresiones soeces, no permiten conciliar el sueño, el derecho legítimo a disfrutar en paz la propiedad privada que está siendo arrebatado por esta célula de indisciplinados y transgresores del orden público. Ya son varios los años de esta problemática para la que no ha habido solución.

Lo que sucede en los exteriores de la Antonio Nariño se repite en varios puntos de la ciudad. En la avenida Centenario, en un tramo justo antes del Sena Agroindustrial, pasa lo mismo. Sobre el andén y de lunes a domingo se apuestan grupúsculos de jóvenes a consumir de todo y dejan, igual que los adolescentes drogadictos y alcohólicos de Oro Negro, el sitio hecho un muladar. No solo generan contaminación sonora, también ambiental, y eso que dizque los jóvenes de ahora son unos defensores del medio ambiente, ecologistas y pacifistas. Carreta, su comportamiento es de vándalos.

Quién va a meter en cintura a estos jóvenes, porque sus padres ya no pudieron. Si los adolescentes están drogándose, emborrachándose y prostituyéndose en la vía pública —en Oro Negro, en la avenida Centenario, en la avenida Bolívar, en el parque Sucre, etc.—, es evidente que hace mucho rato sus padres perdieron el control de su formación y seguramente hacen parte de esa generación que fue la última en obedecerle a sus padres y la primera en hacerle caso a sus hijos. 

Hay negligencia de la Policía o es que el código de convivencia no aplica para estos nóveles infractores. Por qué, si está prohibido el consumo de licor en la vía pública, los integrantes del ‘parche’ de Oro Negro y similares lo pueden hacer. En Armenia debe estar vigente todavía el toque de queda para menores de edad, por qué no se aplica, o es que acaso ya derogaron ese necesario decreto. 

Si las autoridades del municipio no pueden solucionar este problema, ¿habrá esperanzas de atenuar otro tipo de problemáticas que afectan la seguridad y la convivencia? ¿Qué es lo que impide devolverle la tranquilidad a los habitantes de estas zonas residenciales?, si se deben hacer patrullajes permanentes o instalar unidades de Policía por horas en los sitios ya establecidos pues que se haga y que este mal se corte de raíz, y además que se impongan todas las sanciones a que haya lugar. No puede ser que en ese juego del gato y el ratón los desadaptados siempre salgan ganado y ese que era un problemita sea ya un problemón.

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