Editorial / ENERO 16 DE 2021

Seis niños asesinados en dos semanas

De nuevo, la violencia en todas sus formas se ensaña con los más pequeños y marca un macabro inicio de año en Colombia.

Seis niños asesinados en dos semanas

Vuelve el país a sacudirse, como lo viene haciendo, lamentablemente, cada tanto, por atroces crímenes de niños. En menos de quince días han matado seis menores de edad en Colombia. Los más recientes asesinatos de niños, cometidos en el país, demuestran que la población infantil es, de lejos, la más vulnerable pero además la más vulnerada, que poco se ha avanzado en la prevención de este tipo de delitos, que muchos de los crímenes quedan en la impunidad y que; ni en sus casas, ni en sus barrios, ni en el campo, ni en la ciudad, los niños están seguros.

El más reciente capítulo de este doloroso inicio de año se escribió con la captura de los tres presuntos asesinos de Michelle Amaya, una menor de quince años cuyo cuerpo fue encontrado el pasado 8 de enero. La adolescente, que presentaba un retardo mental leve, fue brutalmente golpeada y atacada con arma blanca por tres adultos que luego envolvieron su cuerpo y lo arrojaron en un predio abandonado; entre tanto su madre, camuflada como habitante en situación de calle, la buscaba con el anhelo de volverla a tener entre los brazos.

Mabel Rosero tan solo pudo vivir quince años. Su cuerpo fue atacado con machete en la vereda El Silencio, jurisdicción del corregimiento de Las Mesas en el municipio El Tablón de Gómez en Nariño. La niña fue asesinada cuando se disponía a llevarle el almuerzo a su padre. Aunque la menor fue encontrada con signos vitales, no soportó la gravedad de las heridas. No hay capturados por el crimen.

A María Alejandra Orobio Solís, una niña de 11 años, primero la torturaron, luego la violaron y después la mataron. Los hechos ocurrieron en el municipio de Guapi, en el litoral Pacífico. No hay detenidos por el hecho.

Adellys Nahomi Camargo, de once años, antes de morir, relató cómo fueron atacadas ella y su madre por su padrastro en su casa del barrio Oasis en el municipio San Alberto, Cesar. La niña alcanzó a huir del lugar en el que el agresor la hirió, mató a la mamá de la preadolescente y luego se quitó la vida. Ese fue el último recuerdo de Adellys antes de cerrar los ojos para siempre.

María Ángel Molina Tangarife, una niña de apenas cuatro años y su hermana de un año, fueron arrebatadas de los brazos de su madre por un soldado desertor. A María Ángel la mataron y su pequeño cuerpo fue arrojado al río Armas. El presunto asesino habría contactado a la madre de las menores a través de Facebook y tras amenazarla con un cuchillo, huyó con las infantes.

El mapa de Colombia está marcado por la sangre de niños para los cuales no hubo un entorno familiar sano pero sí un Estado que le da ventajas a los criminales; tampoco un lugar seguro para jugar y estudiar y sí la obligación de compartir el mismo territorio con violadores, sicarios y asesinos con varias anotaciones pero que no fueron considerados por un juez como un peligro para la sociedad.

Con palabras, gestos, acciones y omisiones de los adultos se ha contaminado el mundo de quienes son nombrados como el futuro del país, como si para el país el futuro de los más pequeños importara.

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