Editorial / MAYO 08 DE 2021

Tres paros 

Señor  presidente, el pueblo le está pidiendo que lea lo que han escrito en los carteles con los que han salido la última semana a marchar.  

Tres paros 

A muchos de los que han estado marchando durante la última semana se les escucha decir que en Colombia para que una protesta ciudadana tenga algún eco hay que hacer, como mínimo, tres paros o movilizaciones: uno para llamar la atención de las mayorías y, por supuesto, del gobierno, sobre un asunto que lleva años afectando los intereses colectivos; otro para que el ejecutivo nacional acepte sentarse a una mesa de negociación y se comprometa con algunos cambios; y, como mínimo, otro paro de igual magnitud para que el gobierno cumpla aunque sea con una mínima parte de lo prometido.  

Por eso es  que,  aunque desde la Casa de Nariño inviten a los líderes de esta protesta social a construir una agenda de diálogo y trabajar en ella, no quiere decir que la solución a tan grave problema esté cerca. Hay que resaltar el gesto del presidente de la República de querer adelantar el inicio de las conversaciones, inicialmente anunciadas para el lunes venidero. Desafortunadamente, a la mesa se van a sentar los representantes del pueblo con justificada desconfianza y eso dilatará cualquier acuerdo.  

Está muy bien que el mandatario nacional hubiera cursado invitación a tantos actores políticos del país para plantear una ruta de atención consensuada al conflicto social por el que atraviesa Colombia. Lo que pasa es que queda un sinsabor al ver cómo se le dio prioridad al expresidente César Gaviria, un hombre que a estas alturas de su vida solo vela y piensa en los intereses personales y los de su hijo, aunque hay que abonarle que con algo de tino sugirió en esa conversación con el recién posesionado ministro de Hacienda, que conversaran primero con los del paro.    

Claro que son importantes los honorables miembros de las altas cortes, pero el diálogo con ellos también podía esperar un poco. Los líderes del paro nacional tuvieron que aguardar a que el presidente atendiera primero en Palacio a los integrantes de la que han llamado gran coalición, y de la que hacen parte quienes no están pensando en el presente del país, sino en las próximas elecciones, aunque también ellos le dijeron al señor presidente que primero a la masa. Tal vez esa mesa de trabajo con el grupo de precandidatos presidenciales hubiera podido ser después de un primer acercamiento con quienes hoy sí tienen la credencial para hablar en nombre del pueblo.  

    Comienza pues una ronda de conversaciones, con un ojo puesto en el retrovisor para recordarle al  presidente  los yerros e incumplimientos del pasado y el otro en lo que están reclamando los colombianos en la calle. Los diálogos inician en medio de la desesperanza y la desconfianza en una institucionalidad cada vez más desprestigiada por sus propios errores y no porque se les quiera hacer mala prensa o se busque generalizar.  

Lo que ha venido reconfirmando el paro es un creciente descontento con las diferentes instituciones. La Defensoría del Pueblo, pese a su trabajo en las calles, es cuestionada; de la Fiscalía no quiere saber nada la mayoría, que ve en el ente perseguidor a un enemigo; triste lo que pasa con la Policía, una institución tan cara a los afectos de la mayoría, pero manchada por los desaciertos de unos pocos; ni la Procuraduría ni la Contraloría logran ser ese oasis para los desconfiados ciudadanos; y del Congreso, en este paro, se ha hablado y se tendrá que seguir hablando porque el pueblo siente que se escondió; en fin, la lista es más larga pero el espacio es corto.  

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