Editorial / ENERO 27 DE 2021

Vidas que terminan en las vías

Por su irresponsable comportamiento muchas personas salen a las vías no a conducir un vehículo sino a poner en riesgo su vida o la vida de los demás.

Vidas que terminan en las vías

La última víctima de siniestros ocurridos en vías del Quindío fue una recién nacida. La menor de edad iba, según las versiones preliminares de la autoridad de tránsito municipal, en brazos de su madre, que caminaba por un andén cuando fue atropellada por un motociclista. El saldo de tan fatal hecho fue el deceso de una bebé de apenas ocho meses de nacida, una vida absurdamente interrumpida por la imprudencia de quien conducía un vehículo.

Más allá de los detalles, que deberán ser investigados a profundidad, para determinar con exactitud las causas de la trágica noticia, el hecho no puede catalogarse como un accidente porque los accidentes no se anuncian ni se pueden prever, y lo que viene ocurriendo en las carreteras del país y de las ciudades, son actos de irresponsabilidad, premeditados y que sí se pueden evitar. Por eso hay que hablar de siniestros y no de accidentes viales.

Ocurre que se están cometiendo todas las imprudencias a la hora de conducir y los vehículos, además de ser medios de transporte, se convirtieron en armas letales con víctimas mortales. Se normalizaron conductas violentas como acelerar cuando aparece la luz amarilla, adelantar en curva o por el lado derecho, enviar o leer mensajes de texto mientras se maneja, exceder los límites de velocidad, culebrear, obviar el cinturón de seguridad o el casco, transitar por los andenes y cruzar avenidas por encima de los separadores viales y zonas de circulación para personas en situación de discapacidad.

Todas esas maniobras son suicidas y homicidas porque quien viola las normas no solo expone su vida sino la de los demás. Cuánta rabia produce saber que hoy lloran en un hogar quindiano la muerte de una bebé porque alguien decidió, conscientemente, apartarse de la prudencia a la hora de conducir. El motociclista que según las autoridades invadió una vía peatonal salió ileso físicamente pero tendrá que cargar para toda la vida el peso de una culpa por algo que bien pudo evitar.

No puede quien conduce intentar recuperar en la vía el tiempo perdido en la casa o el trabajo. Muchos de los siniestros se pudieron haber evitado si quien maneja es consciente de que al poner en marcha un automotor está transportando vidas y que de su cuidado y prudencia dependerá que no solo el o ella, sino cada uno de los demás actores de la vía, puedan llegar a casa en donde le espera su familia.

En lo que va corrido del año en el Quindío ya se contabilizan más muertes por siniestros viales que por arma de fuego o arma blanca, lamentable estadística que confirma la violencia que reina a la hora de conducir un vehículo y que no se atenúa  poniendo más señales de tránsito o contratando más guardas o policías para que patrullen las vías. 

De nuevo hay que apelar a la autorregulación, no hay que buscar la responsabilidad en el gobierno, muchos de los males que padecen las ciudades nada tienen que ver con los gobernantes, pero, para el mal ciudadano es más fácil mirar con desdén la política y criticar al ejecutivo de turno, que evaluar con madurez el comportamiento personal y tomar correctivos.

La muerte de la recién nacida no se dio porque la vía estuviera en mal estado o porque no se hubiera cumplido un plan de desarrollo o porque se hubiera abierto alguna investigación contra un funcionario, no, María Ángel ya no está con sus padres porque quien conduce está pendiente de todo menos de su vida y la de los demás.

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