Opinión / NOVIEMBRE 22 DE 2020

24 de noviembre

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Hace cuatro años en el alegórico Teatro Colón de Bogotá, el grupo subversivo Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc, y el Estado colombiano firmaron el ‘Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera’. Acuerdo que dio fin a 52 años de confrontaciones con esta guerrilla. 

El protagonista central de este hito de nuestra memoria reciente en Colombia, es toda la nación, que recuerda la necesidad de seguir con un fuerte compromiso con lo acordado, para lograr que los 7.000 guerrilleros que dejaron las armas continúen con el proceso de reintegración a la sociedad civil. 

Por su parte, la Policía Nacional, detentó una participación fundamental junto con los demás integrantes de la Fuerza Pública, de forma particular en el tercer punto de la agenda de negociación relacionado con el fin del conflicto, y consecuente con este reto y con un mandato universal que comprende la paz como el principio superior y deber de estricto cumplimiento, se comprometió para asumir la consolidación de una paz permanente, íntegra e indefinida en el tiempo.

Con esta responsabilidad, la Policía inició una tarea fundamental en las conversaciones del fin del conflicto. Su entrega le permitió liderar incluso las discusiones y elaborar los protocolos relacionados con el diseño y la ingeniería del acuerdo de ‘cese al fuego y hostilidades bilateral y definitivo y la dejación de armas’.

Por lo cual, en abril de 2016 la institución creó la ‘Unidad especial para la edificación de la paz’, que asumió las misiones concretas que se derivarían de las negociaciones, realizando los ajustes internos de roles y actividades a desempeñar con el fin de tener la efectividad requerida para apuntalar el proceso. Con presencia en los 26 espacios en donde se concentraron los integrantes de la extinta guerrilla, siendo recibidos con esperanza y gran cordialidad por los pobladores de estas alejadas zonas del territorio.

Otro elemento adicional realizado por la Policía, consistió en la gestión de un ‘modelo de construcción de paz’, con el propósito de establecer lineamientos específicos en la implementación de responsabilidades que se adquirieron a raíz de la firma del acuerdo. Para ser la vanguardia en la institución con el objetivo de seguir trabajando en la premisa que la paz debe ir de la mano con la seguridad de los territorios y no permitir que los espacios que dejaron las Farc, fueran ocupados por organizaciones delincuenciales.

Finalmente, la Policía Nacional continúa trabajando para que la paz obtenida conduzca a la construcción de tejido social, de manera participativa y consensuada, en espacios de integración y unión en lo cultural, social, económico y estatal con todos los residentes del país. Propendiendo que en adelante con un diálogo fraterno, políticas sociales adecuadas, educación, sinergia interinstitucional, búsqueda de la igualdad, entre otros, se logre la inclusión social, la participación ciudadana y el fortalecimiento de la democracia.


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