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Opinión / ABRIL 10 DE 2024

A golpes de cachucha

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Honor y gratitud ciudadana para los nueve valientes senadores de la comisión séptima; su blindada entereza nos lleva a creer que no todo está perdido. En medio de la crispación e incertidumbre dominantes, de fundados temores sobre el futuro del país y de nosotros, sus dolientes, brilla el hecho poco valorado en su alentadora dimensión: la negativa del Congreso a aprobar sin análisis y objeciones de fondo, las reformas propuestas por el desgobierno Petro; en realidad golpes calculados contra todo lo establecido, especialmente si funciona bien. Satisface comprobarlo: los opositores a la sinrazón se manifestaron y obraron a pesar de la mermelada esparcida, literalmente, a diestra y siniestra. Tal como ocurrió en el caso de la “vaca” antioqueña, iniciativa ciudadana para salvar vías condenadas a la parálisis por decisión presidencial, el contragolpe reactivo, la retaliación contra la independencia del Congreso, fraguados en la penumbra mental de un psicópata, no tardaron. Nada distinto al ¡exprópiese! es la intervención administrativa de las principales EPS; en el caso de Sanitas, modelo de gestión eficiente y efectiva en la atención a los afiliados desde su fundación, sometida como sus similares a la soterrada asfixia financiera por el Gobierno, obcecado en el empeño de estatizar la salud, objetivo vertebral de “su” sepultada reforma.

Pero el verdadero misil nuclear, mimetizado durante año y medio de hipocresía, de falsas proclamas de apego a principios constitucionales, a leyes y normas, fue finalmente lanzado hacia el corazón nacional con el nombre de asamblea constituyente “popular”. Lo positivo de tener la certeza es poder asumirla cuanto antes; despejar cualquier duda o reserva sobre los propósitos del adefesio moral que nos gobierna. Desactivar, destruir el artefacto antes del impacto, es el reto; y la mayor parte de responsabilidad, si es que el Chávez criollo respeta los cauces legales, recae sobre las dos cámaras legislativas. Sin embargo, no será mediante el retiro del apoyo de contados congresistas, comunicadores, intelectuales o políticos, de uno que otro votante insumiso o contrito, como se va a disolver el peligro latente, la amenaza, de una demolición estructural del Estado y de la permanencia indefinida de Gustavo Petro en el poder. Suponerlo, caer ingenuamente en esa trampa, es tan suicida como haberle entregado el ejecutivo hace 19 interminables meses. Cualquier acción que parta de la sensatez, del realismo, debe prever la tremenda baza a favor del aspirante a tirano, al disponer de la chequera presidencial, dotada en la reforma tributaria de 2022 con enormes recursos bajo su personal arbitrio, cofre abierto del poder, para el cumplimiento de perversas intenciones. 

El camino se trazó con la falsa paz de Santos, preludio de nuestras actuales tragedias, y de la cual la alimaña zurda fue beneficiaria directa. Disponer de fondos públicos ilimitados para comprar apoyos políticos con votos contantes y sonantes, es tener un pie en el umbral de la reelección indefinida con fachada “democrática”, vía Constituyente. La lección, las fehacientes pruebas en aplicación del manual de procedimientos zurdos, conocidas por todos, se llaman Cuba, Venezuela, Nicaragua, Argentina -recién sacudiéndose de la bestia-. No entenderlo, no asimilarlo, pero sobre todo no reaccionar, reitero, es dirigirnos al harakiri colectivo. 

La estrategia de captación de voluntades está en marcha desde la posesión del jamás converso guerrillero en la alcaldía de la capital. Allí, el ex segundón de la banda delincuencial, asesina, M19, quien jamás ha percibido ingresos lícitos de origen privado, o generado un puesto de trabajo, quien ha medrado siempre en la fronda estatal, aprendió y emprendió el empleo de caudales públicos para crear su red clientelar de resentidos, de renegados del establecimiento. Culposos o ingenuos creyentes en el falso Mesías, con el concurso de capitales y personajes a cual más oscuros, encumbraron a un malhechor impune a la más alta dignidad del país. 

La batalla cultural, de toma de conciencias, hasta ahora a favor del “pobresismo”, debe darse con renovados bríos bajo el liderazgo de una derecha renovada, no vergonzante, más bien triunfante, reafirmada en su defensa de valores y principios, de libertades y democracia. Milei lo viene demostrando. Al toro, por las astas.


 


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