l
Opinión / DICIEMBRE 06 DE 2023

A muerte contra la salud

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Cuando recobré el sentido, media hora, presumo, después del accidente, me vi solo, aturdido, sin capacidad para moverme, dejado sobre un piso de baldosas heladas; sección de urgencias, Clínica San Pedro Claver -vine a enterarme luego-, Bogotá, propiedad del entonces Instituto Colombiano de Seguros Sociales. Sin afiliación al seguro, ni doliente que abogara por mí, a modo de desecho, fui descartado como paciente de aquel monstruo de inhumanidad. Entre charcos de memoria y sangre, veo al muchacho, al ángel espontáneo, por gracia presente en el instante, quien de rodillas busca con afán en mis bolsillos; lo escucho cuando alza la voz, mi carnet militar en la mano, advirtiendo: -Este muchacho es un soldado. ¡Llamen al Hospital Militar! Pocos minutos tardó en llegar la ambulancia de la institución, punto de partida del proceso reanimador, salvador, y de recuperación médico quirúrgica que se extendería durante meses, a partir de mis escuálidos cuarenta kilos sustraídos a la muerte, entre atención intramuros e incontables sesiones de fisioterapia.  

El micro sueño de un taxista trasnochado, la avanzada edad del vehículo, un pavimento jabonoso luego de pertinaz lluvia nocturna, el taxímetro, causante de serias lesiones internas, y el golpe de costado al poste, precisamente contra el puesto del copiloto que siempre prefiero en autos ajenos, coincidieron para forzar un alto en mi camino vital, apenas culminando la adolescencia. Me dirigía aquella madrugada de octubre, 1970, sentido occidente-oriente, avenida al aeropuerto El Dorado, a la Escuela de Infantería del Ejército, en Usaquén, unidad donde prestaba mi servicio militar, tras pernoctar en casa.  

Segundo episodio referido igualmente a mi salud corporal: con el antecedente de un infarto agudo del miocardio, en 1996, superado con la oportuna aplicación vía catéter, de un medicamento cauterizador de los vasos afectados, prescrito por el internista entonces a cargo, diez años atrás, 2013, fui de nuevo remitido a la EPS Saludcoop, entidad posteriormente intervenida y liquidada por cuestionados manejos, al experimentar síntomas de accidente cardiovascular. Al amparo de mi reciente afiliación al sistema, exigido por contratantes oficiales para obrar como proveedor, en calidad de trabajador independiente, fui eficaz y amablemente atendido en las clínicas de Armenia y Pereira, donde me realizaron el cateterismo de rigor y de acuerdo al resultado, una intervención de fondo consistente en la confección de tres puentes coronarios en sendas arterias obstruidas.  

El proceso clínico tardó varios días, a la espera de turnos disponibles en cada uno de sus pasos, pero el resultado final, cero costo a mi cargo, luego del obligado paso por la UCI, corta convalecencia en habitación, y terapias indicadas por los especialistas, fue bastante más que satisfactorio.   Siguieron durante el lapso posterior a la cirugía y hasta ahora, controles cada vez más espaciados, exámenes de todo tipo, sujetos siempre a autorizaciones, esperas, turnos, y demás imponderables, aunque primando siempre, corrección en el trato personal, aptitud profesional del personal médico y administrativo, y disponibilidad de recursos tecnológicos de buen nivel. A mi favorable impresión como usuario del sistema de salud vigente, sumo las igualmente positivas del círculo laboral - social en el cual actúo.  

Subsidiados y contribuyentes de todo estrato tienen hacia aquel, más gratitudes que reproches. La prueba de fuego de los servicios de salud a disposición de todos, fue el acertado manejo de la pandemia Covid y la intempestiva aparición en suelo nacional de millones de migrantes venezolanos en condición de miseria material. Basta una ligera comparación respecto a otros países en los cinco continentes, para calificar como sobresaliente el desempeño del sistema de salud colombiano. El mismo que, a toda costa se empeñan en destruir, el presidente Petro y sus enmermelados parlamentarios.
 

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net