l
Opinión / SEPTIEMBRE 21 DE 2009

A prueba de fuego

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hemos hablado del amor como experiencia sublime del alma humana, como regalo de Dios para el hombre, que le permite asomarse a la eternidad en unos ojos que en su brillo resumen todas las maravillas del universo.
Hemos hablado de él, en este mes del Amor y la Amistad, como una decisión que exige fidelidad y perseverancia, y que debe alimentarse de forma constante para permitir, no solamente la edificación de parejas sólidas y enriquecedoras, sino también la construcción de hogares donde en un entorno de respeto y aceptación puedan forjarse nuevos seres para la felicidad y el sano desarrollo.
Hemos hablado de un amor a prueba de fuego que resista el paso del tiempo y supere las dificultades que surgen cuando se comparte todo, que se niega a morir asfixiado por el tedio y encuentra cada día, en su interior, motivos para mantenerse y renovarse.
Si el amor debe ser de esta manera, mucho más la amistad, relación que une a personas nobles, con el solo propósito de compartir el camino y enriquecerse mutuamente, emoción que nos vincula con otros como si fueran nuestros hermanos, nos hace testigos de sus vidas, nos permite participar con genuina felicidad de sus alegrías y triunfos, y nos desafía a acompañarlos en momentos difíciles y poner un hombro donde pueden enjugarse los llantos que desahogan todos los dolores.
Dicen que solamente las personas honorables tienen amigos, pues quienes no lo son, tan solo cuentan con cómplices. Sin duda esta afirmación tiene mucho sentido, porque se requiere ser íntegro, bondadoso, generoso y bien intencionado, para brindar lo mejor de sí mismo a otro ser humano, sin más interés que crecer espiritualmente y permitirle a él lo mismo.
En un mundo donde el interés personal suele prevalecer, donde cada quien busca lo suyo: surgir, progresar, superarse, incluso muchas veces a expensas del bienestar de otros y otras, se hace necesario que recuperemos el verdadero sentido del valor de la amistad, y tratemos de ser amigos sinceros para otras personas, de consolidar relaciones fraternas que nos ayuden a mitigar la soledad y nos hagan sentir que es posible compartir: las esperanzas, los temores, las angustias, la alegría y los momentos más hermosos que la vida nos regala.
Jesús de Nazareth se proclamó como “El amigo que nunca falla”. Creo que podemos esmerarnos por seguir su ejemplo y más que buscar amigos así, tratar de serlo nosotros para los demás y demostrar con nuestras acciones e intenciones, que es posible ser un amigo leal y sincero, de esos con los que todos quisiéramos contar, pero que muy pocos están dispuestos a ser.
Esa es la invitación en este florido mes de septiembre, construir relaciones de amor y de amistad “a prueba de fuego”, que resistan las adversidades, sobrevivan a los malos tiempos y nos ayuden a hacer más grata la existencia y más llevadera la dificultad, para nosotros mismos y para los demás.

angelaquindio@hotmail.com


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net