Opinión / OCTUBRE 18 DE 2020

Aceptación inteligente

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Aceptar es inversamente proporcional a sufrir. Entre más aceptamos menos sufrimos. Esta frase me ha sido muy útil cuando la adversidad hace presencia en la vida de quienes me consultan y en la mía propia.

Debo aclarar que no estoy hablando de cualquier aceptación, sino de aquella que acude a la flexibilidad, la recursividad y la creatividad para asumir los cambios y que estos se conviertan en oportunidades que aportan nuevos y valiosos insumos a la vida. Me refiero a aceptar lo que es inevitable no en “piloto automático” sino comprendiendo la situación de tal manera que permita generar nuevos comportamientos, transformar y avanzar. No está cerca de abandonar la lucha, de la resignación o el conformismo pasivo. Se trata de buscar otros horizontes que permitan abrir nuevos caminos y no quedarse instalados en la queja, la nostalgia o la crítica. Una especie de arriesgados e innovadores emprendedores emocionales.

Implica una acción desafiante ya que cambiar hábitos, patrones y formas usuales de hacer las cosas resulta para la mayoría de las personas una labor altamente compleja a la que con frecuencia respondemos con rechazo, resistencia y oposición. Es comprensible que esta sea una reacción inicial pero la idea es que a medida que se adquiere un mayor nivel de conciencia de la situación, la aceptación nos permita tener una perspectiva mas amplia para realizar modificaciones y adoptar, ojalá creativamente, nuevas y versátiles maneras para superar la situación, que muchas veces comienza con aspectos prácticos y sencillos de la vida cotidiana. 

Aceptar es un poderoso antídoto frente al estrés, la angustia, el desequilibrio emocional que traen los cambios abruptos, imprevistos y masivos como el que nos vimos abocados a vivir . 

Este ha sido uno de los grandes aprendizajes de este tiempo de pandemia que nos ha exigido modificar desde la manera como nos relacionamos, nos comunicamos, trabajamos y estudiamos, hasta la manera como entendemos la libertad, la felicidad y la vida misma.

¿Qué ayuda? Identificar las experiencias pasadas que han sido exitosas, realizar el esfuerzo sistemático de encontrar la parte positiva de todas aquellas situaciones difíciles, entender lo que está pasando, asumir las pérdidas y el impacto emocional que estas traen y entender que “la vida no es la forma en que se supone que debe ser, sino que es lo que es. La forma en la que le haces frente es lo que marca la diferencia”. 


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