Opinión / MAYO 18 DE 2022

Adiós al tapabocas

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Al quitar de los protocolos de bioseguridad la utilización del tapabocas, se abrió entre las personas la posibilidad de contacto y de la calidez que ofrece una sonrisa. Habíamos aprendido a vivir sin ver la cara completa de las personas, muchas interacciones se dieron sin la posibilidad de ver la boca y completar el mapa mental de la expresión, esto sin duda nos generaba mayor lejanía y mayores resistencias en la interacción, ya que la boca y la nariz comprendían una amenaza para nuestra salud.

Hoy que se quita el tapabocas volvemos a comprender la acción del lenguaje desde la expresión facial y entendemos más el acto comunicativo. Reconocemos al otro desde su expresión y entendemos que la oportunidad de vernos, nos abre un mundo hacia la conexión con el otro.

Inconscientemente hemos abierto muchas puertas sociales con el adiós al tapabocas. Salimos más a las calles, hay más personas que quieren ir a los sitios públicos y la dinámica de las ciudades se vuelve mucho más activa teniendo la oportunidad también de generar una activación de la economía, de la energía y, por ende, de nuestros propios proyectos de vida.

Cada cambio requiere de una adaptación, hemos olvidado en gran medida todo lo ocurrido en dos años que fueron críticos y que marcaron nuestra historia con un antes y un después, adquirimos madurez, afrontamiento, pero también temor y ansiedad por la incertidumbre de lo que vendrá.

Nos preguntamos si puede llegar a ocurrir de nuevo, si es posible perder nuevamente la libertad ganada hasta el momento o si una enfermedad puede amenazar nuestro equilibrio.

Tomemos este cambio como un nuevo inicio, salgamos y entendamos que no perdimos, sino que ganamos madurez y equilibrio y que siempre podemos afrontar lo que venga y los cambios que se den sin importar lo que sean.

Entender la liberación del tapabocas no solo desde un acto legal, sino también desde el simbolismo que esto trae, nuestra cara representa el contacto, la calidez y la oportunidad de comunicarnos con los otros de una manera más asertiva y con más cercanía. 

Aprovechemos para reconocer al otro, para tener interacciones llenas de energía positiva y para dejar huella en las personas que vemos en nuestro día a día. Posibilitemos la comunicación no verbal teniendo en cuenta la expresión y asumiendo que nadie es una amenaza y que muchas veces son predisposiciones que tenemos ante las situaciones. Convirtamos ese contacto en la oportunidad de ser una cultura más abierta y comprensiva donde entendamos que no somos el centro del universo y que cada persona es importante en su propia vida.


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