Opinión / OCTUBRE 17 DE 2021

¡Armenia, 132 años!

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hoy deseo felicitar a Armenia y sus habitantes al cumplir 132 años de vida administrativa, jurídica e institucional. Al unirme a esta festividad, me permito hacer un llamado a todos a la unidad y la fraternidad. 

A continuación, les comparto, queridos lectores algunas reflexiones con motivo del tedeum celebrado en la parroquia San Francisco de Asís el pasado 14 de octubre. 

San Pablo en su carta los romanos, nos invita, a revestirnos del amor que es el vínculo de la perfección; es decir, abrir las puertas del corazón para dejar ver las entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, capacidad de servicio que hay en cada uno para que, habite en nuestros corazones la paz de Cristo. Solo quien es capaz de purificar su corazón, albergando en él el amor de Dios, puede convertirse en instrumento de paz. 

De ahí la llamada de Jesús a ser sal y luz de la tierra; ‘ustedes son la luz del mundo’ y este desafío espiritual tiene que ver con todos los bautizados y no bautizados, con el señor alcalde, con el rector de la Universidad La Gran Colombia, con el concejo municipal, con los diputados, con los servidores públicos, con los ciudadanos. Jesucristo nos recuerda que no se enciende una vela para colocarla debajo de la cama sino, que se pone en un lugar alto para que alumbre a todos los que están en la casa. 

Usted señor alcalde, usted querido concejal, usted querido servidor público, querido ciudadano, ¿está iluminando la vida de los demás? En el Quindío hay muchos hermanos nuestros que están viviendo en una profunda oscuridad, están en el abismo de sus propias miserias, esperando quizás una mano amiga que les ayude a levantarse, o una palabra de consuelo, una palabra de esperanza, amor y misericordia. 

‘Ustedes son la sal de la tierra’; la sal sirve para condimentar, para conservar; esto significa construir caminos de esperanza superando todo asomo de divisiones, conflictos y corrupción, para enarbolar la bandera de la esperanza. Cuando los servidores públicos comprenden que están llamados a ser sal de la tierra se preocupan por el bien común, por dar sabor a su propia vida y a la vida de sus semejantes, de sus familias, amigos, de los más pobres y necesitados, se esfuerzan por cuidar esta casa común. ¿Cómo podríamos aplicar este llamado a ser ‘luz y sal de la tierra’, en esta hermosa ciudad de armenia? 

Tres caminos nos conducirán a fortalecer ese gran deseo de vivir juntos en paz y en justicia: en primer lugar, el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, decía el Papa San Pablo VI. Después del terremoto de 1999 ¡cómo ha progresado el departamento del Quindío!, nuestra ciudad de Armenia; es innegable y no podemos desconocer el aporte de muchos ciudadanos y gobernantes, pero, también hay realidades que nos agobian. Es necesario apostarle a la dimensión espiritual rescatando los valores éticos, estéticos religiosos, inculcando los valores en los niños, adolescentes y jóvenes. 

En segundo lugar, el Papa San Pablo VI instaba a una nueva civilización del amor. ¿Cómo construirla? El papa Francisco dice que hay un camino claro para poder vivir en un mundo mejor: una mejor política. La política del cuidado en donde reconozcamos la importancia del otro y nos comprometamos con el hermano para ayudarle en su crecimiento humano y espiritual. En tercer lugar, el Papa Francisco, en su Encíclica Frateli Tutti menciona 5 elementos para construir el mundo de la política: trabajar con principios sólidos pensando siempre en el bien común, no buscar garantizarse solamente unos votos; escuchar para crear una cultura del encuentro; promover una economía integral y solidaria que permita la articulación cultural, política social y tener una visión amplia de la vida y de la historia que se enfoque hacia un cambio integral. 

En fin, algo muy importante para esta ciudad en estos 132 años es aprender a escuchar, recuperar la unidad, trabajar la fraternidad y vivir un compromiso solidario con los pobres y marginados, que nos conduzca a construir caminos de amor, de fe, de esperanza y de paz”. Felicitaciones Armenia, ‘Ciudad Milagro’.


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