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Opinión / MARZO 23 DE 2016

Así maté a Pablo Escobar

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El coronel Hugo Aguilar Naranjo, en el libro Así maté de Pablo Escobar confiesa sus actividades lícitas e ilícitas realizadas para liquidar al narco, y enfatiza que escribe la verdad, porque el hijo del capo dice que al verse perdido se suicidó y don Berna que su hermano Rodolfo lo despachó con un fusil de asalto M 16 calibre 5.56. 

El autor nació en Suaita Santander en 1956 y terminó el bachillerato en 1975. Como en la violencia de los años 50 la policía conservadora chulavita lo atropelló, su papá enfureció cuando le contó que haría el curso de oficial. “En mi no va a tener apoyo porque odio a la policía”. Pronto se graduó. Después de perseguir asaltantes en la capital, fue trasladado a la costa en la bonanza marimbera, allí encontró sobornada toda la institución; es experto en pistola libre de la Academia Smith Wesson de USA.

En enero de 1993 estaba en Argentina con el mayor Danilo González estudiando criminalística, a petición telefónica de Gaviria y del director Miguel Antonio Gómez Padilla, regresó con la misión de capturar al malhechor que se había fugado.

En razón a que por sus líneas privadas el mafioso le decía vulgaridades, investigó que un empleado de teléfonos de Medellín trabajaba para él por 20 millones mensuales, pero la DEA le pagó 30 para ubicar a sus sicarios a fin de tirotearlos.

El traficante cayó porque unió a amigos y enemigos en su contra al descuartizar en la cárcel a sus socios Moncada y Galeano. Los oficiales Miguel Maza y Octavio Vargas Silva le tenían terror; el general Luis Enrique Montenegro pánico, “era una verdadera gallina, lo vi llorar”. El bandido trató de infiltrar al bloque con hermosas mujeres que simulaban noviazgos con agentes. 

El facineroso envió la familia a Alemania, pero la devolvieron por gestión del gobierno y fue alojada en el hotel Tequendama de Bogotá, donde habían instalado micrófonos.

Con un equipo de radiometría triangularon las llamadas que les hizo; es ubicado en la carrera 79 A 45 D 94, barrio Los Pinos de Medellín; tumban la puerta con una maceta, por una ventana salta al tejado, “ahí le pegué un tiro en la espalda que le atravesó el corazón, llevaba una pistola Sig Sauer”, a las 3.20 p. m. de diciembre 2 de 1993.

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