Opinión / OCTUBRE 22 DE 2020

Ausencia de gobierno, una amenaza

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Manuel Eisner y Randolph Roth indican que la criminalidad suele dispararse cuando la gente cuestiona su sociedad y su gobierno. Seguido de esa advertencia, Pinker afirma que en ausencia de gobierno, la amenaza de violencia puede ser autoinflable. A las conclusiones de estos científicos se agrega un aspecto de igual relevancia y peligrosidad que potencia el desgobierno y exacerba la violencia en el país: la influencia del dinero en la política —independientemente del origen—. Realidad infortunada, más evidente en unas regiones y menos en otras, pero que más temprano que tarde se hará endémica. El dinero con el que previamente se embarga y somete a los elegidos, es el grillete que les esclaviza por el período y más allá, en la lógica corrupta que “resulta especialmente perniciosa, ya que puede distorsionar todas las políticas gubernamentales” debido a que los inversores —según la cuantía y perversidad— tienen el poder de administrar de manera directa y sin agenda a quienes financiaron. 

Mejor gobierno es característico de “los países igualitarios, más ricos, más cultos y más homogéneos en términos culturales”. Mientras que la incompetencia gubernamental es representativa de la envidia y la ansiedad por el estatus o la privación relativa a la que someten la población de los países pobres y desiguales como Colombia. Más visible y gravosa en los departamentos y ciudades en los que esos ‘salvadores carismáticos’ empujan la colectividad hacia el desastre.

“El conocimiento y las instituciones sólidas conducen al progreso moral”. Premisa más que imposible, lejana en un país donde sus regiones viven la tradición hegemónica de figuras mesiánicas que logran la servidumbre voluntaria de sus víctimas. Víctimas honradas que aún no deciden cómo liberarse de gobiernos cartelizados, endogámicos y esquilmadores que controlan la opinión pública y usan los mecanismos democráticos para perpetuarse según sus intereses.

La carencia de gobernanza, sinónimo de anomia y eufemismo de corrupción, cunden en los palacios de gobierno, lo que activa la desmoralización, cuando no a la extinción, de aquellos que aún creen que es posible un país en el que se deje de creer que los gobiernos son infalibles; que las convicciones, por muy sinceras o populares que sean, pueden estar equivocadas; que es viable aprender que “hay formas mejores o peores de vivir, y que otras personas y otras culturas pueden saber cosas que ignoramos”. Y que existen formas de resolver conflictos sin recurrir a la violencia, la desaparición o la extinción. Así pues, la ausencia de gobierno es una amenaza que puede agudizar hasta el extremo, la extinción de la esperanza y radicalizar aún más la incertidumbre. Realidad sin futuro.


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