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Opinión / SEPTIEMBRE 28 DE 2022

Calaveradas y paparruchas

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Nada en absoluto que convoque la unión de los colombianos alrededor de proyectos retadores, generadores de trabajo y bienestar, de amplia cobertura; nada que aliente creatividad ni esfuerzo colectivo, labor, esperanzas, caminos hacia mejores horizontes; ninguna tregua en el ánimo pendenciero, confrontacional que distingue al personaje y al gobierno que mal preside. Por el contrario, aplicando a rajatabla manuales zurdos de toma y conservación del poder, divide a diario la sociedad, enfrenta sus fracciones, bien a partir de asuntos mayores como la matriz económica, sus componentes esenciales: recursos mineros, energéticos, inversión interna y externa, asistencialismo de origen fiscalista, tratamiento de la violencia narco-subversiva, política exterior, entre otros, o bien exacerbando asuntos menores, inanes en el discurrir cotidiano, pero efectistas en manos de la mass media: discursos transversalistas de género, medioambientales, tenencia de tierras, tensiones étnicas, apropiados todos por la izquierda en tiempos recientes, supliendo el vacío dejado por la explotación capitalista, la lucha de clases, o el antimperialismo, caducos ejes de la prédica marxista siglo XX. No transcurre un día sin que Gustavo Petro sume factores de incertidumbre, miedo, desconcierto, a la realidad del país. Intenciones sin elaboración, amenazas repentinas contra sectores productivos, sin medir incidencias, locas acometidas contra todos los flancos, evidencian una mentalidad caótica, de afán dañino, contraria por completo a los procesos reflexivos que deben guiar los actos de un estadista. Examinar sus pretensiones respecto a política energética, basta para dimensionar los ominosos desatinos que plantea en este y otros planos: golpear-como ya lo viene haciendo- a Ecopetrol, la más importante empresa del Estado, productora de hidrocarburos para consumo interno, a precios razonables, estables inventarios, excedentes de exportación, vitales generadores de divisas; amenazando en simultánea con alzas de precios de combustibles y subproductos, a pesar de cifras récords de utilidad industrial en recientes ejercicios, en detrimento del andamio productivo del país… 

Nadie, con mínimo grado de sensatez, ignora el trastorno que ocasionaría una escasez de combustibles -ya la vivimos en el paro promovido por él desde las sombras- o un alza desbordada de precios en los subproductos del sector. Prácticamente todos los renglones económicos se verían afectados, asomaría en pocas horas el fantasma recesivo. Apenas un ejemplo del alcance de la insensatez en la agenda P. 

No se limita el malévolo ex M-19 a cazar peleas con la razón dentro de las fronteras nacionales. La semana anterior empleó los minutos asignados en la asamblea anual de Naciones Unidas, en Nueva York, a donde arribó acompañado de su insufrible soberbia, nutrida delegación, en nave aérea consumidora del odiado carburante, con millonaria asignación de viáticos, para despacharse en una serie de paparruchas que solo perplejidad y risa pueden producir en auditorio semejante. Colocar coca, petróleo o carbón, en el mismo plano ético y funcional, para condenar el consumo de combustibles fósiles, por ejemplo, podrá parecerles genial ilación conceptual a sus menguadas primeras filas...,  pero exclusivamente a ellas. 


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