Opinión / OCTUBRE 15 DE 2021

Colombia en el borde del abismo

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Estamos a 5 y 7 meses de las elecciones de Congreso y presidencia de Colombia. La decisión que tomemos será definitiva para los próximos 30 años y más allá. La democracia es un tesoro que no se puede perder. Las consecuencias de perderla las tenemos como ejemplo muy cerca, solo basta con mirar hacia Venezuela. Colombia no puede caer en semejante error. 

Un país ejemplo de imitar para salir de la pobreza es Singapur en Asia y Lee kuan Yew, quien fuera su presidente por 30 años, en su libro Del tercer mundo al primero relata cómo fue posible el milagro de convertir un país pobre y sin muchos recursos naturales, con apenas 728.6 Km2 de territorio y una población de 5.453.600 habitantes, en una potencia mundial próspera. Les comparto unos pequeños apartes del libro.

“Pocos le dieron a la pequeña Singapur muchas posibilidades de sobrevivir cuando se le concedió la independencia en 1965. ¿Cómo es, entonces, que hoy el antiguo centro comercial colonial británico sea una metrópoli asiática próspera con la aerolínea número uno del mundo, el mejor aeropuerto y el puerto más activo del mundo del comercio?”.

La historia de esa transformación la cuenta el carismático y controvertido padre fundador de Singapur, Lee Kuan Yew. Surgiendo de un legado de colonialismo divisivo, la devastación de la Segunda Guerra Mundial y la pobreza y el desorden generalizados luego de la retirada de las fuerzas extranjeras, Singapur ahora es aclamada como una ciudad del futuro. Esta historia milagrosa es narrada por el hombre que siguió adelante sin miedo y provocó estos cambios.

Profundizando en sus propias notas meticulosas, así como en documentos gubernamentales y registros oficiales inéditos, Lee detalla los esfuerzos que tuvo que hacer una ciudad-estado insular para sobrevivir en ese momento.

Lee explica cómo él y sus colegas de gabinete acabaron con la amenaza comunista a la seguridad del incipiente Estado y comenzaron el arduo proceso de construcción de la nación: forjar carreteras de infraestructura básica a través de una tierra que todavía consistía en pantanos, creando un ejército desde un punto de vista racial e ideológico. Dividió la población, eliminó los últimos vestigios de la corrupción, proporcionó viviendas públicas masivas y estableció una aerolínea y un aeropuerto nacionales.

En este relato, Lee escribe sobre su enfoque mordaz hacia los oponentes políticos y sus opiniones sobre los derechos humanos, la democracia y la inteligencia heredada, con el objetivo siempre de “ser correcto, no políticamente correcto”. Nada en Singapur escapó a su ojo atento: ya sea eligiendo arbustos o persuadiendo a los jóvenes para que se casen con mujeres tan bien educadas como ellos mismos. El seguro y ordenado Singapur lleva el sello de Lee, por el que no se disculpa y dice: “Si este es un estado ‘niñera’, estoy orgulloso de haber fomentado uno”.


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