Opinión / OCTUBRE 15 DE 2017

Concebir lo humano

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"Lo humano como estructura narrativa".


Nada definitivo hay en lo humano. De él se sabe que vive, trabaja, habla. Está determinado por la biología en sus funciones y normas; por la economía en el crecimiento y el desarrollo; por el lenguaje en el pensamiento y el significado; todo ello relacionado con una práctica orientada hacia la cultura, el conocimiento y la acción. Inserto en condicionamientos de lugar y de tiempo la realidad de lo humano en su historia y su finitud, la misma que está presente en la perpetua inquietud referida con la muerte, el deseo y la ley.

Vida, muerte, trabajo, palabra, constituyen los elementos de lo humano. Se tejen en ellos las cuestiones concernientes a la existencia y se reflexiona sobre la naturaleza o esencia del ser. Nada es concluyente. Algunos consideran que es una finalidad expuesta a contingencias y un constante llegar a ser. Otros, una especie que un día desaparecerá de la faz de la tierra. Otros, un ser “para sí” y el contenido de una intimidad manifiesta y capaz de trascenderse a sí misma.

Somos conscientes de que actuamos, asumimos roles, conductas, expresamos sentimientos, emociones, tenemos fortalezas, debilidades, nos hacemos a un proyecto de futuro; el transcurrir de una vida reconocida y revelada como propia, que para una mirada externa, es la caracterización de un personaje, una novela, una obra de teatro, con cuya representación nos identificamos. Es el carácter o modo de ser, identidad propia, sólida y estable a la mirada de los demás. La verdad de uno mismo y la conciencia de ser cuando dice: “yo soy lo que hago”, “yo soy lo que he sido” “yo soy el que soy”.

De hecho, somos personajes de una novela, idénticos y diferentes sin desconocer nunca lo que hace de nosotros la voluntad y el libre albedrío. Determinados a un modo de ser y de hacer no es posible salir de un destino prefijado que cuestiona los límites de la libertad. Es el caso de Don Quijote. Inmerso en las páginas de un libro, signo escuálido y lánguido, está obligado a una aventura que ha de probar de él que es un auténtico caballero. Destino inexorable de una vida, tenaz y férrea, que hace de la certeza una presencia que será siempre la misma en su perfecta y completa repetición. Con razón de Don Quijote se dice que es “el héroe de lo mismo”.

Lo humano es una estructura narrativa, a semejanza de historias de vida, inscrita en la memoria personal ligada a imaginarios de estatus social, poder, éxito, fracaso… que en el individuo son parte de un “yo mismo”. Somos pues, únicos, diferentes, irrepetibles, lo que uno es se refuerza con la opinión del otro. Un sí mismo, lo único y su propiedad, pero a la vez parte de un colectivo en el que se encuentra identidad y reconocimiento.


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