Opinión / NOVIEMBRE 22 DE 2020

Crecen delitos informáticos

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El delito de suplantación de identidad en las redes sociales se ha constituido en una de las modalidades de mayor utilización por parte de los cibercriminales, para cometer cualquier clase de abusos y atropellos. 

Esta semana fui enterado por un amigo de Armenia, de quien me reservo su nombre por razones de seguridad, sobre el ‘robo’ de su WhatsApp, buscando estafar en su nombre a personas allegadas a él, por lo cual hoy quiero aprovechar este espacio para prevenir a los amigos lectores y a sus allegados al respecto, con el fin de que eviten ser afectados de alguna forma por estos delincuentes. El mecanismo es: envían un mensaje de texto a uno de sus contactos utilizando la imagen clonada del perfil de la persona, manifestándole que ha cambiado el número de su celular para que proceda a modificarlo en sus registros. Hecho lo anterior y aceptado el cambio, entablan chat de confianza con el fin de allanar el campo para obtener sus oscuros propósitos relacionados con estafas en dinero o con cualquier tipo de negociación que se ofrezca, en caso de que la persona no tome las precauciones de verificar la veracidad de la información directamente con la fuente, esto es, con el verdadero contacto con quien supuestamente esta realizando el diálogo, se puede hacer a través de una video llamada, por ejemplo, que es la recomendación para todos quienes usamos estas redes sociales. Los datos correspondientes, ya los han puesto las personas afectadas en conocimiento de las autoridades competentes para que hagan el respectivo seguimiento tanto con las entidades bancarias y con quienes han registrado los números de celulares y en lo posible logren encontrar a los responsables. 

Al respecto, es indispensable un trabajo coordinado entre todos: las instituciones financieras, los operadores de celulares y los investigadores técnicos especializados en delitos informáticos. Y desde luego, a los usuarios, insistir en la necesidad de que verifiquen previamente las informaciones que se comparten en estas redes sociales, pues está claro que todas, pese a los mecanismos de seguridad que las rodean, son muy vulnerables a este tipo de hechos fraudulentos y a otros aún más graves como la extorsión, las amenazas, la manipulación, las injurias, las calumnias y mentiras como mecanismos de presión para obtener fines ilícitos y destructivos en los entornos personal, familiar y social. 

Según el centro cibernético de la Policía Nacional, el cibercrimen llega a través de mensajes falsos o correos electrónicos para robar datos. Durante la pandemia, se ha incrementado en más del 150 % la actividad maliciosa en Internet y se han detectado unas 200 páginas con contenido fraudulento. 

Importante que se compartan estas experiencias para tratar de cerrar el paso a estos sujetos inescrupulosos. 
 


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