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Opinión / DICIEMBRE 05 DE 2015

Crónicas de vampiros. Marginalia

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En El Giour, poema al vampiro, Lord Byron escribe: “Con tu propia y mejor sangre chorrearán/ tus rechinantes dientes y macilentos labios;/ luego, a tu lóbrega tumba caminarás;/ ve, y con demonios y espíritus delira,/ hasta que de horror estremecidos, huyan/ de un espectro más abominable que ellos ”.

En Crónicas de vampiros. Marginalia, del narrador colombiano Fernando Romero Loaiza, conciso libro de microrrelatos con los vampiros como intérpretes de una nueva visión cultural, ecológica y morfológica de tal engendro, estos nefastos personajes no huyen ni se enclaustran, no se encubren ni se silencian, circulan tangibles desde su condición, asumiendo otras formas físicas y otros talantes, inesperadas tácticas cuando son inevitables para ellos y para el propósito ficcional del autor, mimetizándose para acompañar al hombre contemporáneo en sus cotidianas ordalías vampíricas.

Lo anteceden el libro Crónicas de vampiros (Pereira, 1997) del citado autor, primer libro de microrrelatos sobre vampiros editado en Colombia y Latinoamérica; y el del valenciano Alfons Cervera, De vampiros y otros asuntos amorosos, (Montesinos, Barcelona, 1987) no de vampiros en su totalidad. En Marginalia, los microrrelatos se apropian de su corporeidad formal dentro de la tipología de ultracortos, cuantificada por Lauro Zavala entre una y doscientas palabras, con particularidades propias de dicha contextura: silepsis, alusión, parodia; heterogéneas clases de metaficción y, en particular, disímiles formas de humor e ironía.

“Tan acostumbrados a la muerte que les asusta la ternura”, los perfila Fernando al rastrear para una moderna taxonomía vampírica sus intimidades poéticas, filosóficas y culturales, fisiológicas o emocionales. Sujeto a elipsis narrativa, con datos de sus pesquisas sobre el vampirismo literario y el brillante lenguaje que caracterizó a las Crónicas, Romero Loaiza formula, valiéndose de circunstancias y escenarios sin marcos góticos ni bizantinos y mucho menos empleando edulcorados esquemas del vampiro posmoderno, otra codificación de aquel en sus esferas de acción. Desgaja, con cada minicuento, el canon vampírico de individuación de dicho ser revelándonos que, por fuera de los tradicionales, se contraen y se dilatan otros estratos de existencia y manifestación del vampiro. Setenta y seis minificciones integran este libro. La más breve, de solo 34 palabras.

En los fondos penumbrosos del mito y la leyenda, tras de aquella literatura que no se escribe para consolar al ser humano ni para prometerle paraísos, en la naturaleza se agitan sigilosas otras siniestras formas vampíricas que, por menos visibles, no dejan de ser motivo de perplejidad y terror cuando la muerte y la sangre substituyen la vida. “El vampiro es el personaje más real de los irreales”, especifica Martín Klenk. Este libro tendrá dos presentaciones en nuestra región: una pública, en la Casa Museo Musical del Quindío, Armenia. Y otra privada, en Villa Diodati II, con el Grupo de Estudios Dom Agustín Calmet.


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