Opinión / DICIEMBRE 04 DE 2020

Cultura al garete

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La historia es muy simple. Hace dos decenios el sector cultural en el Quindío no tenía políticas públicas y menos fuentes de financiación. Era una oficina, como la Corporación de Cultura y Turismo de Armenia, en medio de ninguna parte.

Poco a poco se fue construyendo un sistema, a través de organizaciones no civiles, la creación de una secretaría, el Plan Departamental de las Culturas, Biocultura 2013 -2023, unas ordenanzas, y unas fuentes básicas de presupuesto. Todo parecía ir bien, hasta la administración pasada.

Si bien la gestión de James González Matta fue interesante en lo educativo y presupuestal, su politiquería sesgada, su amiguismo de bulto, atomizó a los artistas y generó ira intensa entre los excluidos. Esa administración dejó proyectado $3.020 millones, más los congelados $1.000 millones de seguridad social del artista y los recursos asignados por regalías, $3.270 millones para profesionalización. Esta administración recortó la inversión a $1.978 millones.

La llegada de la nueva administración profundizó la disputa y empezó a deconstruir lo avanzado en la secretaría. El nombramiento del director de Cultura y Arte, Brian Arango Trujillo, y el jefe de Patrimonio y Artes, Juan Ricardo Medina, sin conocimiento y experiencia, dos fichas partidistas, derrumbaron en pocos meses la confianza y dañaron lo alcanzado en la aplicación de las políticas. 

Este año, por cuenta de las decisiones equivocadas del señor gobernador Roberto Jairo Jaramillo, y de su mismo secretario, ha sido trágico para nuestra cultura. No existió gestión en el primer semestre, y los artistas y sus mediadores, atrapados por su informalidad, la pandemia y por la ausencia de Estado, quedaron desamparados en todos los ámbitos. ¿Qué pensaba el señor gobernador?

La pasada convocatoria de concertación y estímulos, con escasos recursos para las organizaciones culturales, no cumplió con los requerimientos presupuestales ordenados por la ordenanza 13 de 2015. La excusa es real pero insuficiente: había pandemia.

Sé bien, así lo entiendo, que el gobernador del Quindío desea acertar en su gestión cultural, y temas como la biblioteca departamental lo conmueven. El piloto, sin más, debe corregir el rumbo de la nave.

Lo primero es solucionar lo averiado, y nombrar en la secretaría a una líder o líder con conocimiento y sanadora, que piense en grande y sin favoritismos para la cultura. Debe el nominador reparar sus desacertados nombramientos directivos y, sin dilación, restaurar los presupuestos recortados, ya sea a través de un crédito o de la cofinanciación nacional.

Solo si nombra a personas de las calidades de gestión como Jorge Eduardo Urrea, Diana María Giraldo, Jackeline Valencia o Lucelly Velasco, podrá corregir el rumbo. Las personas mencionadas han coadyuvado en la construcción del sistema, tienen conocimiento previo y pueden restañar las heridas producidas por el furioso rompimiento en el sector.

La calarqueña Lucelly Velasco, por ejemplo, agregaría su conocimiento de formación en políticas ciudadanas y su liderazgo en el campo del feminismo como proceso reivindicatorio, temas esenciales para esta época.

Aún confiamos en la buena fe del señor gobernador del Quindío.
 


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