Opinión / OCTUBRE 24 DE 2021

¡Cultura sobre la muerte!

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Cuando pensamos en el término ‘cultura’, realmente ¿en qué pensamos? Muchos coinciden en decir que se trata de un término polisémico, porque tiene muchos significados. Para nuestra reflexión definamos cultura como el conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época. Fijémonos que se trata de un modo de actuar y de vivir. Hoy se habla de cultura del deporte, de arte y cultura, del mundo de la cultura, de hombres y mujeres cultos, de cultura de la vida.

Desafortunadamente también se ha acuñado el concepto de ‘cultura de la muerte’; de hecho, el Papa San Juan Pablo II se refirió muchas veces a esta ‘cultura’ para hablar de las amenazas y atentados en contra de la vida. En este sentido, al aproximarse la celebración del Halloween, permítanme afirmar con las mismas palabras del Papa Francisco que se trata de ‘una cultura negativa sobre la muerte’. En el año 2019 el Papa tiró de las orejas por esta fiesta del 31 de octubre, de origen celta, vísperas de la fiesta eclesial de todos los santos, en la que la Iglesia exalta a aquellos que han alcanzado la visión beatífica y gozan de la vida eterna en la presencia de Dios. Una sana doctrina que, además, proclamamos en el credo: “Creo en la comunión de los santos”, es la evidencia de la unidad entre el cielo y la tierra y el reconocimiento de que un día volveremos a encontrarnos en la casa paterna, resucitados, para la gloria de Dios, contemplando plenamente al Amor de los Amores. Halloween significa ‘vísperas de todos los santos’ pero otros, prefieren llamarle ‘vísperas de todos los muertos’ o ‘noche de brujas’ y, por lo mismo, se ha ido convirtiendo en un carnaval que infunde miedo y terror, en medio de calabazas, brujas, murciélagos, máscaras y telarañas y en una celebración de adultos para adultos; un día en que se disfrazan los niños mientras muchos inescrupulosos aprovechan para sembrar terror, visitar cementerios, hacer rituales macabros. Con dolor constatamos cómo a muchos niños se les disfraza de ‘diablitos y brujitas’. Para contrarrestar el fenómeno del Halloween, muchas parroquias en el mundo hoy promueven la fiesta de ‘holywins’ con disfraces de santos, religiosos, vírgenes. Es una ocasión propicia para recordar al Papa Francisco que, refiriéndose a ‘la fiesta de los santos y la fiesta de los difuntos’, señala: “Nos instan a pensar en el valor de la vida y de la santidad, pues los santos son personas que han vivido con los pies en la tierra; han sentido el cansancio cotidiano de la existencia, con sus éxitos y sus fracasos y han hallado en el Señor, la fuerza de levantarse siempre y proseguir el camino”. El Papa agrega que “la santidad es ‘un don’, algo que no podemos comprar ni trocar, solo acoger, participando así en la misma vida divina mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros desde el día de nuestro bautismo. Entonces la santidad es vivir en plena comunión con Dios, ya desde ahora durante la peregrinación por la tierra”. Tenemos un gran reto y es vivir con los pies en la tierra y nuestra mirada puesta en el cielo, construyendo la felicidad a la que Dios nos llama. No se puede ignorar que muchas familias, cuidando de sus hijos, los acompañan, salen a pedir dulces con ellos y los llevan a vivir jornadas lúdicas y de entretenimiento. Sin embargo, hoy necesitamos educar a nuestros niños sobre el verdadero valor de la vida, para contrarrestar el fenómeno social del suicidio y ayudarles a alejarse del mundo de las drogas, del alcoholismo, la prostitución, de los vicios, etc. Hay que alertar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes sobre los peligros de celebrar esta fiesta del Halloween y la necesidad de estar vigilantes ante el mal, pues “el diablo no es un mito; existe y hay que combatirlo”. Así que, este año procuremos enaltecer la vida, cuidar más a nuestros niños, defender la familia y vivir la santidad en lo cotidiano. En palabras del Papa San Juan Pablo II: “recordando con gratitud el pasado, viviendo con ardor el presente y abriéndonos con confianza al futuro” y en este itinerario la santidad es el gran don y vocación.


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