Opinión / FEBRERO 05 DE 2017

Cultura y modos de libertad

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En la cultura está todo lo que la sociedad ofrece al hombre.

 Se encuentran en ella las reglas y las formas jurídicas, económicas, políticas, del amor y el trabajo, de la libertad y la servidumbre, de la vida y la muerte. En la cultura progresan el conocimiento, las formas del arte y la insaciabilidad humana ocupa su lugar. El dinero, el placer o el derroche, las emociones o los sentimientos, siempre habrá algo disponible al deseo y apetito por satisfacer. La libertad de imaginar mundos y nuevas realidades es el fervor ardiente de una vida llena de sentidos y significados. Las formas del querer y el disfrute en contextos sociales de creatividad e innovación. Individuos empapados de vida, de excitación y éxtasis, en un punto culmen al que aspira todo hombre en sus quehaceres y compromisos sin que importe cuál sea en su condición. Al decir de los griegos, hombres que aun de labriegos están sobreabundados de vida.  Una lucha sin descanso es la cultura, exige de cada quien el mayor esfuerzo y voluntad inagotable.  

En los jóvenes se observa por su talante aventurero y temerario. Tan llenos de vitalidad, como si desperdiciaran energías a su antojo. Al decir Oscar Wilde: “Gran cosa es la juventud, lástima que esté en poder de los jóvenes”, para señalar que en ellos no hay la prudencia y la templanza que se aprenden con los años. Están tan rebosados de libertad y   ambición, por una vida a su amaño, que son buen ejemplo de atrevimiento e insensatez. Todo en ellos es entusiasmo en el anhelo de beberse el mundo y prodigarse en sensualidades y experiencias. No hay límites al deseo y el entusiasmo.

Con los años no alcanzan el ritmo y el frenesí. Estamos dispuestos a aplacar las pasiones y el autocuidado personal toma las riendas. Muchas cosas dejan de gustarnos y otras nos parecen triviales y sin sentido. Seguimos la advertencia estoica y pensamos que los excesos son malos. Al fin, las cosas se vuelven superfluas si podemos vivir sin ellas. Es también la libertad que prodiga la edad. No depender de nada, sea porque no se quiere o no se puede, es liberarse de ataduras.  Nada a que aferrarse.
La sociedad facilita modos de libertad inscriptos en la cultura. Depende de cada quien cuánto de libertad quiera para su propio bien. En un ambiente social, abierto y democrático, la cultura es una expresión de deseos que se hacen realidad. En cada uno se halla, por tanto, la posibilidad de una vida en uso de modos de libertad. Aprender a ser libre y disfrutarlo es de inteligencia y firme propósito. Es cuestión de vivir.


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