Opinión / MARZO 04 DE 2021

De la incompetencia a las mentiras

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Un gobierno que es rebasado por las circunstancias, situaciones, problemas y legados de insensatez, muy delicado. Que además, no pueda gestionar la impulsividad y emotividad de su población, o que la ceguera de la ineptitud le lleve al autoengaño, debe preocuparnos. No está bien alardear de que todo está bien, cuando las evidencias son otras. El autoengaño prevalece, en su inconsciente consciente el gobernante sabe que las cosas no le están saliendo. El incompetente en su desespero por quedar bien, acude al error fundamental de atribución para responsabilizar a otros de sus propias omisiones. 

Para amparar o justificar su incapacidad para gobernar, la cual no asume como tal, acude al argumento retórico de la incomprensión de los inconformes o la oposición, de los malagradecidos e insatisfechos ciudadanos que sólo ven el vaso medio vacío. He ahí donde los eufemismos, los disfraces y los velos son útiles para cubrir errores. Crear historias, inventar complots, filtrar información, difundir verdades a medias, es su recurso para tapar la ineficiencia y la falta de resultados frente a las responsabilidades y obligaciones constitucionales, es comprensible por su naturaleza humana. 

Comprensible incluso, que un gobierno esté sometido al poder de los grandes monopolios y al capital financiero que determina como gobernar; por ejemplo impedirle sanear la cartera de los hospitales públicos. Comprensible su impotencia frente a la corrupción que carcome su fisiología, hasta adquirir el carácter oncológico. Comprensible igualmente con el tema carcelario, el abandono institucional en vastos territorios o la inoperancia ante el tráfico de drogas; en fin, muchas deudas con el país que podemos tolerar.

Pero que un gobierno en su afán egocéntrico de presentarse efectivo y fuerte, estimule y facilite el desborde de la fuerza pública hasta la psicopatía, es intransigible e imperdonable. Merece la máxima penalización, así como la extrema sanción social. Inadmisible desde toda perspectiva que 6.402 seres humanos inocentes —cifra revelada por la JEP—, fueran asesinados para mostrarlos como logros operativos, como “bajas en combate” para tapar su incompetencia, imposible dejarlo pasar. 

Es tiempo de reflexionar sobre a quienes nos ponen a elegir, basta ya de borreguismo y ceguera. La incompetencia no puede seguir siendo cubierta con mentiras. Mentiras tan graves como hacer pasar a un inocente como un delincuente sólo por narcisismo y conveniencia. Lo peor, reaccionan agrestemente cuando la verdad salta a la vista. Triste, pero es propio de la incompetencia que llega hasta el extremo de la criminalidad.


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