Opinión / SEPTIEMBRE 18 DE 2021

Decreto del junco

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Todas las benévolas deidades de toda mitología y religión; todos los seres reales y quiméricos; todos los creadores de lenguajes, de idiomas, de alfabetos perdidos o existentes y de signos, runas y pictogramas; todos cuantos en la tierra han pensado, han hablado y se han expresado por escrito, sobre piedras o sobre seda; todos quienes han escrito y editado desde una escueta frase hasta decenas de libros; todos quienes han leído un libro o centenares de estos; todos quienes ven las palabras o no las perciben con su alma y, sin embargo, las tocan  y escuchan, promulgamos aquí el Decreto del Junco: Que no se quede ninguna biblioteca del mundo, donde quiera que haya una con más de dos libros o millones de volúmenes, sin tener entre sus anaqueles el libro de Irene Vallejo: El infinito en un junco. Que se fotocopie. Que se reproduzca. Que se escriba a mano. Que se imprima en papel suntuoso o sencillo. Pero que ocupe un lugar visible donde lo conozcan, lo vean y lo hagan íntimo amigo, usándolo como puerta de entrada para la lectura de muchos otros libros, los lectores de cualquier condición humana, social, económica y cultural que abran sus páginas. Magnánimo acto de automisericordia de la humanidad. Que habite por siempre este libro en toda biblioteca, vía segura y camino gentil hacia todos los libros del mundo. Hacia el acto de escribir y leer. El infinito en un junco abarca la presencia física, alma, espíritu y conciencia de todos los libros escritos y por escribir. Y de aquellos que se perdieron. Y de estos que aquí sobreviven, con el paso-y-el-peso de los milenios. Gestándose humildes o transcendentales. Suprema razón intelectual de papel, de la especie humana con sus afirmaciones y negaciones. El Decreto del Junco expresa que este libro de Irene Vallejo debe convertirse en manual de esperanzas y sueños, confirmaciones y certezas del libro de papel entre tecnologías actuales. Todos los bibliotecarios del mundo están obligados a saber de su existencia, convirtiéndolo en lúcida señal para reconocer en todos los libros las formas como Dios habla consigo mismo. Y con su creación. Monólogos en prosa o verso, del ser y el conocer en variados géneros literarios. Percibo multitudes de autores pretéritos y presentes, mirando a Irene. Agradeciéndole su poético, histórico y revelador evangelio de los libros. En ella se incorporaron heterogéneas diosas de los libros y bibliotecas. Dispusieron de sus ojos, su alma y su capacidad para confrontar cualquier manifestación moderna del nocivo “agujero de la memoria”, expuesto por Orwell.  Un fascinante libro sobre los libros, cuya metáfora es el delgado junco capaz de sostener en su tallo cuanto del infinito se manifiesta al hombre como tiempo, pensamiento, ser y conocimiento.


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