Opinión / OCTUBRE 18 DE 2020

Del colegio a la universidad

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Cuando se acerca el final del presente año lectivo y en particular para quienes están próximos a dar su paso hacia la formación universitaria, son múltiples los interrogantes que aún se les presentan en aras a asegurar en la mejor forma posible su futuro profesional, acorde con su proyecto de vida.

Por ello, comparto interesantes planteamientos publicados por El Espectador bajo el título “El reto de encontrar un propósito personal que esté al servicio de la comunidad”. Para este propósito se presentaron opiniones de los profesionales Carlos Arturo Calderón de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz y Luis David Prieto de la Universidad Javeriana, sobre los cuales destaco: “La necesidad de romper imaginarios frecuentes como imitar a las personas exitosas, algo así como apropiarnos de la fórmula de éxito del vecino o miembro rico y éxitos de la familia, pues nadie tiene la formula del éxito. Solo siendo auténticos, conociendo las propias fortalezas y debilidades, escuchando el corazón y a la vez siendo racionales, cada uno podrá hallar la formula de su propio éxito profesional. No hay fórmulas mágicas. El camino suele ser el autoconocimiento, la búsqueda juiciosa de información para documentar las decisiones, tener un proyecto de vida con metas de largo y mediano plazo bien definidas y la determinación y disciplina necesarias para trabajar cada día para conseguirlas”.

“Las personas que estudian y trabajan con aquello que les apasiona consiguen los medios necesarios para llevar una vida digna. No obstante, nada nos garantiza una rentabilidad favorable de manera permanente. Es claro que aquellos mejor preparados y que aman lo que hacen tienen más posibilidades de progresar y alcanzar un bienestar económico. Es así como cultivar una formación integral brinda los elementos necesarios para un perfil profesional destacado, enriquecido con diferentes habilidades, competencias y conocimientos. De la singularidad de cada ser humano se deriva un potencial personal que se despliega en cada tarea asumida desde el colegio y la universidad, y que facilita avanzar con mayor seguridad y confianza en un entorno altamente dinámico.”

Ojalá frente a la experiencia vivida este año, sin precedente alguno para la actual generación, se despierten en nuestros jóvenes sentimientos especiales de solidaridad, en la búsqueda del bien común y de una sociedad más justa y equitativa, abrazando ideales que luchen contra la exclusión, la pasividad, el conformismo y desde ahora asuman el compromiso y la responsabilidad que les espera como un verdadero desafío frente al necesario y urgente relevo generacional en la dirección política. Los principios y valores éticos deben enmarcar con prioridad, esa nueva etapa de su vida. “Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”, como hoy se nos recuerda...


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