Opinión / SEPTIEMBRE 26 DE 2022

Derrotar a la pobreza

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Muy importante la iniciativa del señor obispo de la Diócesis, monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez, denominada: “por un Quindío sin pobres”, liderada desde la Pastoral Social Caritas.

Se registra a los más necesitados y se les entrega un carné para acceder a servicios con precios económicos. Se brindan apoyos para iluminar su vida de carencias, al mismo tiempo que se preserva la dignidad, pues el asistencialismo total puede comprometerla. Existe un almacén con ropa de primera y segunda mano a bajo precio. Está la Mesa Diocesana de la Fraternidad, comedor que atiende a 69 personas y una cafetería, en la cual reciben pan y tinto y encuentran a personal dispuesto a conversar. 

Está el Mercado La Esperanza, en el que se compran víveres a bajo precio, con el control de la inscripción para evitar reventa. Luego funcionarán: consultorio médico, odontológico, sicológico y se darán talleres para fabricación de diversos elementos, a fin de entregar a las personas opciones de generar recursos.

Estas y muchas iniciativas que se adelantan y se siguen proponiendo desde la institución católica, están contribuyendo a modificar la cruda realidad de la pobreza, algo que nos confronta, cuando nos atribuimos la condición de ser un territorio rico. 

Contamos con recursos naturales y grandes potencialidades para generar empresas productivas, sin embargo, hay tres realidades que debemos reconocer: La primera, existen inequidades en la distribución de la riqueza; la segunda, las políticas públicas requieren una orientación más social y sostenible, que permita no solamente resolver necesidades inmediatas, sino más bien crear espirales de prosperidad y progreso, para que las personas y comunidades se conviertan en agentes de solución de sus dificultades; y, la tercera, que si bien existen almas solidarias, no hay mayoría y todavía prima en muchos casos el egoísmo, el individualismo y la avaricia.

El propósito: “por un Quindío sin pobres”, sabiamente planteado y liderado por nuestra Diócesis, debe convertirse en prioridad compartida. Las entidades oficiales y organizaciones sin ánimo de lucro, todas las instituciones y personas de buen corazón, debemos unirnos en un trabajo articulado, para identificar y caracterizar a la población, hacerle seguimiento, no solo a sus condiciones materiales, sino también a sus dinámicas personales, familiares y de desarrollo; para que puedan avanzar en mejorar su actitud, crear oportunidades, cualificarse, generar opciones de trabajo o empresa y comprometerse consigo mismas y sus familias, para dejar atrás la pobreza y esforzarse en conquistar mejores condiciones de vida, sin vagancia, vicios, ni violencia; enfocados en edificar un porvenir promisorio, aprovechando las alternativas existentes y haciendo del amor propio y la sana convivencia, las columnas para construir el futuro.


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