Opinión / JUNIO 21 DE 2021

Detenernos

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La palabra detenerse equivale a esperar, suspender el propio movimiento o avance natural. Sin duda, a veces es necesario detenerse para reflexionar y ver las cosas con otra perspectiva. Cuando el cuerpo se estresa, el médico generalmente nos ordena detenernos y descansar. Cuando algún miembro de la familia, o un empleado, o un compañero se detienen, respetamos su interrupción y buscamos una solución para continuar sin tropiezos, mientras se normaliza la situación de quien se ha detenido. El ser humano por naturaleza está en movimiento continuo, como lo hacen las aves, las plantas, el universo mismo, los automóviles que se desplazan en todos los sentidos por las autopistas, como las del café, que son excelentes caminos para lograr propósitos, progreso y calidad de vida para todos, es un asunto natural. 

Desde que el hombre se puso de pie, hace 4 millones de años, no ha cesado en su movimiento hacia el progreso, somos producto del movimiento continuo que nos trae cambios permanentes. En Colombia hemos estado detenidos desde hace ya muchos días en medio del paro nacional, cuyo objetivo nos dicen que es exigir cambios en muchos aspectos de la vida de los ciudadanos. 

El país se ha detenido y los resultados han sido como en toda situación, buenos y malos. Por una parte, el gobierno ha escuchado los clamores populares y está planteando soluciones importantes que nos permitirán avanzar en aspectos que nos traigan paz y bienestar, además ha sido una situación que ha dejado muchas enseñanzas para todas las partes, enseñanzas que nos permitirán obrar de una mejor forma en el futuro, pensando más en un desarrollo sostenible y en inversiones conscientes, en el papel del gobierno, del ciudadano y de las empresas privadas en la construcción y el crecimiento de un país justo, productivo y equitativo. Pero como en toda situación, también se han presentado aspectos muy negativos que han afectado, sobre todo, a las personas que menos recursos tienen. 

Parar significa llamar la atención sobre algo que necesita ser revisado, pero no significa empeorar aquello que precisamente necesita revisión. Por ejemplo, el transporte masivo en las ciudades principales se ha visto afectado a tal punto, que cientos de miles de trabajadores no han podido llegar a sus trabajos o a sus hogares, incluso, tristemente se han reportado casos de personas que han perdido la vida por haberse visto obligados a detenerse en medio del camino hacia un hospital. Campesinos han tenido que botar sus cosechas al no poderlas transportar para llevarlas a los diferentes mercados o centrales mayoristas. Cientos de miles de comerciantes cerraron sus negocios, despidiendo a sus trabajadores, personas humildes que perdían sus trabajos y veían escasear los alimentos para su familia. 

Podemos detenernos y exigir lo que por derecho nos corresponde, tenemos derecho a una vida con educación, salud de calidad, trabajo y vida digna. 

A un gobierno transparente. Es cierto, nos quedan muchas cosas por cambiar, pero en medio de esa reclamación debemos cuidar al prójimo, cuidar a las empresas, cuidar a nuestras ciudades, necesitamos seguir adelante, movernos, continuar. 

En la vida siempre hay límites que son necesarios para poder avanzar. En la casa, en el trabajo, en la calle, en un paseo y, por supuesto, en un paro nacional. No todo se vale. Hagamos una construcción colectiva desde el amor y la unión, por nuestra familia, por nuestro vecino, por las empresas que hacen grandes nuestros territorios, generando empleo y bienestar a las comunidades, desde el amor por nuestras ciudades, por nuestros padres y abuelos que erigieron bellas comarcas desde cero, dejando un valioso legado que no puede ser destruido. 

Así que la invitación es a que continuemos, avancemos y actuemos desde el amor, buscando siempre la unión, el trabajo conjunto, escuchando y cuidando al otro, custodiando lo nuestro, así superaremos los problemas y lograremos desarrollar un país justo, próspero y sostenible.


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