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Opinión / MARZO 03 DE 2024

¿Dónde están los padres?

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En el barrio, el colegio, la universidad, un bar o discoteca, por donde camine, un menor de edad es asechado por traficantes de drogas. El tráfico y consumo de sustancias sicoactivas es uno de los grandes males, tal vez el mayor, que tiene el país y lo que ha hecho el Estado para contrarrestarlo ha sido inocuo. Seguir, como padres de familia, esperando que el Estado haga la tarea de prevención y protección, es lo más fácil y al mismo tiempo lo mejor para los traficantes porque precisamente por eso es que han ganado tanto terreno.

Mucho se ha dicho que para que la escuela sea la segunda casa, el hogar tiene que ser la primera escuela. Por lo que se advierte en los salones de escuelas, colegios y universidades, son muchos los menores de edad huérfanos de padres vivos. Para una buena cantidad de cuidadores la opción fue dejar en manos de los docentes la formación en valores y principios de sus hijos y a los maestros, además de enseñar matemáticas, inglés y sociales, les está tocando ser ese apoyo emocional que los pequeños no encuentran en casa y darles a los infantes la única ración de afecto que reciben en la semana. 

Aunque la tarea, igual que las responsabilidades, debe asumirse en conjunto, duro es admitir que muchos padres de familia están de espaldas a los problemas y asechanzas de los pequeños. Incluso, a la misma Policía le está tocando corregir conductas que en casa de los pequeños infractores aúpan o ignoran. Permanece la creencia en muchos mayores, quién lo creyera, de que enviar un menor de edad a la Policía o el Ejército es la mejor “terapia” para corregir problemas incubados en el seno de los hogares. Muy bueno para el lucrativo y maldito negocio del narcotráfico la apatía de padres de familia.

¿Dónde están los padres de familia mientras sus hijos menores de edad andan por la vía púbica ingiriendo licor hasta perder el control, consumiendo toda suerte de sustancias sicoactivas, manejando temerariamente una moto, haciendo escándalo en vía pública, volviendo parques auténticos muladares, teniendo sexo sin control ni protección, peleando, robando, intimidando y cometiendo diferentes delitos y hechos contrarios a la sana convivencia? La respuesta se cae de su peso: muchos de ellos están en casa, o quién sabe, también en la vía pública descontrolados, esperando que a sus hijos el Estado los eduque y los proteja. 

Las universidades, los colegios y escuelas necesitan a los padres más cerca de las aulas y siempre atentos a cada paso que dan sus hijos. En la vía pública deambulan todos los males en busca de menores de edad con casa, pero sin hogar. La calle atrapa porque la casa expulsa.


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