Opinión / OCTUBRE 26 DE 2009

Educación sexual con valores

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El pasado viernes 23 de octubre la Institución Educativa Antonio Nariño de Calarcá celebró la II Feria de la Sexualidad con el apoyo de la universidad del mismo nombre. Los niños, niñas y jóvenes llevaron a cabo talleres lúdicos para conocer en torno a un tema que generalmente se evade por parte de padres, madres y maestros, pero hoy más que nunca debe ser abordado, con madurez, franqueza, serenidad, humanismo y sobre todo, desde una perspectiva axiológica.

Bien por la universidad Antonio Nariño, que bajo el indiscutible liderazgo de su Rector, Juan Guillermo Sanín, realiza varios proyectos de gran beneficio social. Eso es lo que debe hacer la universidad como parte de su misión: Intervenir en la realidad, participar en su transformación, contribuir para mejorar la sociedad a partir del conocimiento.

Bien por la institución educativa, que se ha destacado por la búsqueda de la excelencia, por hacer más de lo que le corresponde y lograr que la vida de sus estudiantes se vea mejorada de muchas maneras. Este tipo de experiencias merecen el reconocimiento de la comunidad y son dignas de ser replicadas en todas las instituciones.

Nuestros niños, niñas y jóvenes se ven expuestos a una cantidad de influencias en su mayoría negativas: La presión de los iguales y la de los medios de comunicación masiva, con un mensaje de permisividad y libertinaje, que pone en el Sida y los embarazos no deseados la única consecuencia negativa y evitable de la vivencia sexual sin límites, y por eso le dice a las nuevas generaciones “usen condón y hagan lo que quieran”. ¡Cómo si el sexo no tuviera nada que ver con el amor, el compromiso y el proyecto de vida! ¡Cómo si algo tan maravilloso y especial como la sexualidad, se agotara en el placer y no involucrara también el alma, la mente y la voluntad humanas!

Nuestros hijos necesitan un discurso distinto, menos superficial, más humanista, que les recuerde que la esencia del hombre, esa que lo define y transmite se comunica en la experiencia sexual; requieren saber que quien se entrega a otro ser de forma física, lo hace también de manera espiritual, necesitan escuchar que la sexualidad constituye un tesoro sagrado, digno de ser preservado y cuidado, tan sagrado que transmite la vida ¡su vida!, y por eso, no puede ser reducido a un instrumento de placer o a una moda de la que resulta imposible escapar.

Los jóvenes piden a gritos que alguien les hable de pureza, amor, castidad, virginidad, auto cuidado, respeto, alteridad y compromiso. No podemos seguir permitiendo que por un mal llamado “modernismo” o por creer que “corren otros tiempos” se pervierta la juventud, siga cayendo en la promiscuidad, y genere tantos daños no solo para su cuerpo, sino – mucho más grave – para su alma.

Los padres, madres y maestros, debemos superar el temor a ser vistos como anticuados y atrevernos a desarrollar un lenguaje que ponga freno a tanto libertinaje, y enseñe a las nuevas generaciones a vivir con valores, a conservarse, a guardar el tesoro de la sexualidad para el amor verdadero y el compromiso que perdura, no solo por privarse de contraer una enfermedad o concebir un hijo, sino por razones más profundas, porque su alma, que se expresa completa y plena en la sexualidad bien vivida, vale más que cualquier placer mundano y pasajero. Necesitamos una educación sexual concebida más allá de la salubridad y la prevención: Fundamentada en valores, esos que nunca pasarán de moda, aquellos que son eternos.

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