Opinión / OCTUBRE 18 DE 2020

El animal social

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Es impreciso decir que la política es ajena al común de la gente. Aristóteles afirmaba que el hombre por naturaleza es un animal social —político—, en donde por más ocupaciones que posean los individuos no es de exclusiva responsabilidad del Estado y sus gobernantes corregir la conducta de su pueblo. Las personas tienen la posibilidad de cambiar el rumbo de los hechos y se debe propender por olvidar el preocuparse solo por “lo personal”. 

Esta definición aristotélica, nos plantea el siguiente interrogante: ¿cómo se puede aportar para la solución de los problemas de la sociedad? Distintas ideologías filosóficas intentan dar respuesta a esta y a otras preguntas relacionadas con el propósito de definir al ser humano como un ente racional y social, binomio que se usa a fin de expresar lo que será justo o injusto en la sociedad, lo que es útil o no entre los hombres y lo que es virtuoso o no en pro del bien común.

El concepto de política viene de la “polis” —ciudad—, entendida como un espacio autónomo y soberano en donde los asociados comparten e interactúan sus gustos y razonamientos. Por tal razón, en los primeros emplazamientos sociales se organizaron instituciones encargadas de la vigilancia y el control en la extralimitación en la actuación de sus habitantes. 

Repasando la historia y el proceso de evolución de los servicios de control y seguridad, a estos se les ha encomendado funciones de salvaguarda, consideradas un legítimo antecedente de la policía moderna. Siendo la encargada de orientar estas conductas y facilitar la interacción entre los pares, como la expresión que despliega la dimensión social del hombre y herramienta fundamental de la convivencia en medio de seres “poliédricos”.

El trabajo en sociedad es una representación de nuestra adaptabilidad como especie, el vivir en grupos sociales implica el relacionarnos con otras personas, muchas veces cercanas y apreciadas y en otras desconocidas y sin empatía, interacciones que son las responsables de algunos de los mayores logros de las colectividades. 

Sin embargo, también han ayudado a construir grandes y profundas vergüenzas, como son la violencia y las desigualdades. Otro asunto fundamental para el hombre es la búsqueda de tranquilidad, protección y defensa, en la actualidad existen un sinnúmero de riesgos y de amenazas que nos afectan, y que en un futuro cercano nos impactará aún más la cotidianidad. 

La Policía Nacional en su filosofía y en el conjunto de sus actuaciones ha sido fiel a los postulados universales que inspiraron la creación de este cuerpo. En esta línea, al retomar el concepto de Aristóteles sobre el hombre como animal social, llama la atención la correspondencia de voluntades y la reciprocidad de intereses diversos que le obliga a gobernarse. Sin duda, vale la pena resaltar que se debe incluir en el juicio de valor no solamente los códigos de conducta y reglas de comportamiento, sino también el componente ético y moral, que lleva a la consolidación de una cultura de la convivencia.


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