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Opinión / DICIEMBRE 29 DE 2012

El asesinato de Álvaro Gómez

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Con 251 páginas y publicado por Controversia Editorial, circula el libro ¿Por qué lo mataron? escrito por Enrique Gómez Hurtado, que recoge la investigación del homicidio de su hermano Álvaro, mediante seis balazos, al salir de la universidad Sergio Arboleda en Bogotá en un Mercedes Benz con chofer que también mató un solo sicario.

El autor, hijo del expresidente Laureano Gómez Castro y la popayaneja María Hurtado Cajiao, asegura que el abogado gobiernista de Cartago Ignacio Londoño Zabala solicitó el favor de asesinarlo al narcotraficante Orlando Henao Montoya, quien aceptó el encargo y comisionó a uno de sus empleados entonces jefe del Gaula de la Policía capitalina el mayor Danilo González, que apretó el gatillo.

El texto —que resumo, pero no comento— informa que un acérrimo enemigo de la víctima de nombre Alfonso Gómez Méndez fue nombrado Fiscal General de la Nación para tramitar y encubrir a los autores, de terna enviada a la Corte Suprema por el entonces presidente de la República.

El ente investigador solo concluyó que el gran móvil fue el propósito que tenían sus enemigos de tumbar al habitante del Palacio de Nariño. Recuerdo que en el año 2000 el sindicado en la página 210 de su libro Aquí estoy y aquí me quedo imaginó que eliminaron a Gómez porque se negó a servir “como santo principal de su procesión golpista”.

Real o no ese motivo, lo cierto es que el hijo de Laureano está muerto y enterrado y que unos días antes de la balacera dijo en televisión que “al presidente nadie lo está tumbando, pero no se puede quedar”. La obra explica que el cuento del golpe fue una cortina de humo inventada por el primer mandatario y el Fiscal General para desviar las pesquisas y desorientar al país. A fin de engañar a la justicia persiguieron a tres bandas criminales inexistentes, y encarcelaron a inocentes.

En octubre 31 de 2012 El Tiempo informó que el abogado de los presuntos implicados Yesid Reyes alertó sobre un cartel de testigos de narcotraficantes extraditados y paramilitares coordinado por el exagente gringo Edward Kacerosky para enredar a Serpa, a Samper y su edecán el coronel Germán Osorio. Rápido, en el mismo periódico, el sobrino de la víctima Miguel Gómez Martínez, denunció que para favorecer el encubrimiento han tiroteado a más de 35; “lo mataron porque era imposible comprar el Congreso y obtener la absolución del Presidente con él vivo y criticando ese montaje financiado por la mafia, había que silenciarlo, para hacer viable la etapa final de una conspiración enfocada a tapar el proceso 8.000”. Amigo lector, saque usted su propia conclusión, porque aún no tengo la mía.

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