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Opinión / AGOSTO 14 DE 2016

El coronel israelí Yair Klein

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En el libro El caso Klein, la periodista Olga Behar, limpia la imagen del coronel Yair Klein, condenado por terrorismo en 2001 a doce años en el Juzgado Penal del Circuito Especializado de Manizales. Además trata sobre el origen del paramilitarismo en Colombia.

Behar fue a Israel, entrevistó a ese perro de la guerra que “estaba con el alma atormentada muerto por gritar al mundo su verdad, sin tener quien la quisiera oír”. Nació en un kibutz en 1943, lo trajeron al país los bananeros que necesitaban entrenar a sus hombres para defenderse de la guerrilla.

Lo recibieron en Eldorado en 1988, pero las Fuerzas Militares le advirtieron que no podía tocar un arma porque de inmediato se convertía en extremista, por eso compró fusiles M-16 de plástico que se veían reales; en el DAS platicó con el director Maza Márquez.

Jugaba fútbol contra el equipo del ejército. “Entrené tácticamente a 90 estudiantes en tres cursos; escogidos por Gonzalo Rodríguez Gacha, Víctor Carranza, Pablo Escobar y Fabio Ochoa, entre los que figuraban Carlos Castaño, el negro Vladimir y Eduardo Rueda Rocha el que mató a Galán; por 36 mil dólares que en Israel no alcanzan ni para comprar un carro, enseñando la técnica de correr gritando, para lograr dos efectos: sacas del cuerpo todo el impacto de ser atacado; cuando gritas, de inmediato empiezas a disparar; es instintivo, gritar y disparar confunde al enemigo”.

Grabar un video con las enseñanzas fue su error; le dio un golpe mortal a su existencia. Supo que lo iban a capturar, no pudo por Eldorado, voló a Leticia, en taxi a Tabatinga, después por avión a Manaos y luego a Alemania.

Poco tiempo después de la primera “graduación” ya los discípulos de este ganso salvaje bañaban de sangre a Colombia tiroteando a Galán, Pizarro, Bernardo Jaramillo y Manuel Cepeda Vargas.

Preso en Moscú en 2007 tres años por orden del juez caldense que violó sus derechos, sin oportunidad de defenderse, hasta que el Tribunal de Estrasburgo lo liberó arguyendo que lo podían matar ya que el vicepresidente Santos dijo que lucharía para que se pudriera en la cárcel.

La Behar es contradictoria, a pesar de su izquierdismo que la obligó a asilarse en México y su convivencia y procreación con Gerardo Ardila del M-19, maquilla la figura del coronel; el texto no se escribió sobre El Caso Klein, sino en defensa del mercenario o soldado de la fortuna Yair Klein.


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