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Opinión / FEBRERO 02 DE 2023

El fin de la Tv

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Este año sí se acaba la televisión, vienen decretando, desde hace 20, las aves negras que esperan asistir al entierro del medio. Con ese mismo argumento, los chantajistas de corbata han estimado que la televisión pública se acabará por falta de recursos y, entonces, cada año les advierten a los gerentes de los canales que deben encontrar alternativas de financiación. Así, con el mismo cuentico, los gerentes, en especial los que no tienen ni idea de televisión —que son muchos o casi todos, se han dejado convencer para abrir nuevas “ventanas de financiación”.

La televisión pública fue creada para producir contenidos audiovisuales que entretengan, eduquen e informen veraz y objetivamente a la ciudadanía. Inicialmente, para la ventana radiodifundida, —porque era lo que había— pero la evolución mediática ha fomentado la aparición de nuevas formas de llevar las imágenes en movimiento hasta a los hogares, a través de métodos diferentes a la televisión abierta radiodifundida, verbigracia, el internet, que en este caso no juega como medio propiamente dicho, sino como soporte de transmisión. 

Las imágenes que viajan por internet pueden ser vistas en un aparato de televisión o en una tableta, un celular o un computador. Como se puede deducir de lo anterior, la televisión no es una tecnología, es una forma de narración que se puede valer de diferentes tecnologías para llegar al público. ¿Entonces se va a morir? ¡Pues no! porque, aunque cambie el ritual de consumo y la tecnología de recepción, la gente seguirá consumiendo contenidos audiovisuales para su entretenimiento e información. Luego, el Estado deberá garantizar la subsistencia del medio, siempre y cuando, para el caso de la televisión pública, y dentro de ella los 8 canales regionales, se dediquen a cumplir con la misión para la fueron creados. De hecho, al depender ahora del FonTic, que es un fondo con muchas más fuentes de recursos, el dinero está garantizado. 

Con el cuento de financiar la televisión pública, los gerentes ‘diversificaron’ los objetos sociales de los medios y pusieron la atención en otras tareas diferentes a las que se deberían ocupar los canales públicos, como la logística y la intermediación de pauta publicitaria, solo por mencionar algunas. Tareas, que distan diametralmente de la función de mostrar audiovisualmente un punto de vista local que represente los imaginarios de las regiones. 

A raíz de los infortunados hechos que han manchado la imagen de Telecafé, por cuenta de la incursión en campos diferentes al que debería ocupar el canal, los implicados han blandido el argumento de la necesidad de garantizar mayores recursos para el medio. Una tras otra gerencia se escucha decir que lograron cosas que sus antecesores no y presentan cifras que, sin contexto, suenan muy bien. Pero que no se deben al quehacer misional de un canal de televisión, sino al de una agencia de operación logística e intermediación. Un negocio que deja muchos interrogantes y que se aleja de la función social de un canal regional de televisión. Eso sí parece el fin. 

Valdría la pena que los responsables de los canales regionales nos cuenten: ¿en qué se han invertido las utilidades fruto de la ‘nueva’ línea de negocio?, ¿cómo han beneficiado estos recursos el crecimiento de los canales como medio de comunicación?, ¿qué se ha hecho para ingresar recursos por concepto de la misión original de los canales?, es decir, producir y programar contenidos audiovisuales. ¿Qué productos audiovisuales se realizan con los recursos de la intermediación?, ¿qué ha pasado con la proyección de los medios al mundo digital?, ¿cómo va el incentivo a la industria audiovisual en las regiones? O ¿fue, como lo dije hace varios años, una burbuja? Finalmente, ¿Qué tanta burocracia de oficina paga la línea de logística e intermediación versus los empleos especializados de televisión?

Nos vemos en la red (0)


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