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Opinión / MARZO 15 DE 2014

El libro de Gardeazábal

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Con 217 páginas y publicado por la universidad Autónoma Latinoamericana, circula el libro hereje  La misa ha terminado de Gustavo Álvarez Gardeazábal, donde  cuenta la vida del  sacerdote homosexual Martín  Ramírez Urrea, desde el nacimiento hasta su asesinato de un disparo en la nuca en Tuluá.

El futuro cura al nacer era tan feo que a  su madre  Mercedes Urrea le daba pena mostrarlo, parecía un murciélago sacado de las cuevas del Dante, por eso  opinó que solo le quedaban dos posibilidades: lo vestía de mujer o de clérigo.

El novelista aclara que si hubiese alguna  vez hecho del amor con un presbítero podía decirse que escribió  para vengarse  de la iglesia católica, apostólica y romana y que en su niñez nunca fue  violado por un sacerdote pederasta; que su libro es sobre los curas católicos, no  pretende orientar a los  fieles en la búsqueda de la verdad ni arrebatarles su fe  y  que a sus 74 años tiene el fondillo más parado de la República de Colombia.

Martín heredó sus preferencias del bisabuelo que se llenó de hijos porque no hay nada más preñador que polvo de loca, tenía un harén de choferes y  mantenía engarzado en las nalgas de la peonada; como su madre no tenía dinero para mandarlo a estudiar lo llevó al seminario pues había escuchado al nobel Jacinto Benavente decir que la loca más bruta llega a obispo.

En la página 33 sin mencionarlo recalca que al papa argentino nunca lo pudieron acusar de meterse en la cama de alguno de sus compañeros de seminario, pero sí lo vieron más de una vez salir de la celda del padre Bernal,  siempre  creyó  que por tener 75 años nunca lo nombrarían en remplazo de Ratzinger, quien tuvo que renunciar porque  fue incapaz de manejar una iglesia cargada de  pecados  y convertida en Sodoma y Gomorra.

Cuando los curas  Rogelio y Martín se conocieron, iniciaron una historia de amor cargada de excesos sexuales, etílicos,  y conductas inapropiadas,  como celebrar   misa  con olor  a  trago de resaca,  trasnochados y  ojerosos  de pecar.  

Al  enterarse que estaban infectados  de Sida —para evitar el escándalo— pensaron en su carro tirarse por  el cañón del Chicamocha, pero mejor  contrataron un sicario que  dentro de un automóvil  les pegó  un tiro en la nuca.


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