Opinión / DICIEMBRE 03 DE 2021

El loro y los atenidos

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Siempre fue así, la palabra que retrata sin adornos es la callejera, la de las plazas de mercado. Voy a contar la fábula de los atenidos. En un país entre Centroamérica y el Caribe, de populosas ciudades en las montañas, con latifundistas tierras para agricultura, con infraestructura vial embolsillada, con impuestos que llegan regularmente a las arcas del Estado, vivían los atenidos.

 Los atenidos (expresión popular en Costa Rica, Honduras y en el país de la fábula), se partían el lomo sosteniendo a un grupo que vivía incrustado al Estado. Los atenidos del país de la fábula se levantaban a las cinco de la mañana, se bañaban con agua helada de las montañas; se iban a su trabajo a fabricar mesas, cobijas; a recibir desde temprano en oficinas privadas de pequeñas empresas, lavaban carros, limpiaban avenidas, construían edificios, hacía préstamos para mantener sus microempresas de carpas, alimentos.

 Vendían empanadas, chicharrones, tintos, cultivaban en fincas papa, yuca, café; pagaban impuestos cada año. Un día una hechicera de nariz ganchuda con mimo fantasma, gritó ¡qué ciudadanos, lo que son es atenidos! Un loro le replicó se atienen a su trabajo de pagar intereses de hipoteca, de vender sus naranjas, telas, zapatos, arepas, cocadas, botellas, repuestos, café. 

Y le contestó el perico Miguelito “¡atenidos, será a su esfuerzo!”. Pagan por salud, dinero, por amor, por la cuota del colegio, del carro, de la universidad. “¡Atenidos, son atenidos gritó histérica la bruja!”. Se atenían a su ingenio, a su esfuerzo, nada les salía gratis. En ese país de cuento, la paloma gritona enemiga de la bruja cantó “el vivo vive de los bobos y el bobo del trabajo”. 

 Tenían contratos mágicos, concesiones milagrosas de puertos y carreteras, licencias fabulosas del gobierno. La bruja del mimo fantasma bautizó businessmen a sus secuaces, pero nunca montaron una empresa con plata de su bolsillo, “no sea bruto para eso está el gobierno”; defendían la libertad de expresión: envenenaron al lorito Miguelito sin pelos en la lengua. La bruja dijo: hagan circular el titular, los que trabajan son atenidos. 

Mientras un atenido no sabía dónde emplear a su hijo universitario recién graduado, los secuaces de la brujota de nariz ganchuda, con los nenés sin estudiar mucho se iban a comer hamburguesas a Washington D. C. Si un hijo de los atenidos demoraba décadas en levantar empresa y seguía endeudado, los otros en dos años de mamar del Estado se hacían riquísimos con solo firmar y llamar por teléfono.

 En el país del cuento un día la brujilda se inventó el conjuro “atenidos, atenidos” para esconder que millones de laboriosos sostenían a los ociosos. Gracias al cuento de “atenido, atenido” es ministra internacional bla, bla, bla sin producir nada, sus secuaces viven de gorra en despachos estatales, firman contratos fantásticos y sin arriesgar un peso dizque son empresarios mientras gritan “¡trabajen atenidos!”. Esta fábula popular la escuché en el Caribe.


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