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Opinión / JUNIO 14 DE 2023

El nombre del juego

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En brevísimo lapso, la bruma que cubre la vida, actos y omisiones de Gustavo Petro, de su pasado delictivo y desteñidos encargos de gobierno por elección popular, se ha convertido en densa sombra, preludio de tormenta mayor, extendida sobre el país. El factor común en todos los episodios, recientes y del pasado, que conforman su intrincada trama, es el dinero en efectivo, los billetes en fajos, ligados a sus inexplicadas finanzas personales y a la lucha por el poder político. 

Nota al margen: “El Rey del cash” es un libro de reciente edición, escrito por Elena Chávez, periodista mexicana, en el cual se detallan las peripecias financieras de Amlo y su apego al papel moneda. Igual obsesión han mostrado los Kirchner -en grado superlativo-, Lula, Chávez-Maduro, Ortega, el ahora preso Pedro Castillo, lo cual sugiere prácticas de uso común en personajes de similar catadura ética y filiación ideológica. 

Cherchez la femme, pardieu! cherchez la femme! Clamaba A. Dumas en un aparte de, Los mohicanos de París, expresión apropiada luego por las novelas detectivescas, sugiriendo la existencia de una mujer como obvio motivo de crímenes o como hilo conductor hacia la resolución de misterios. En la Iberoamérica de hoy, ¡cherchez le cash!, sería el imperativo para investigadores fiscales encargados de casos de corrupción oficial, versión Foro de São Paulo o Socialismo siglo XXI, si se pretende llegar a la verdad. En el escabroso caso que mantiene en vilo al país, ya derivado a pérdida de vidas humanas (¿suicidio u homicidio?), las indagaciones de la FGN deberían orientarse con prioridad a establecer el origen, monto y circunstancias de manejo del dinero efectivo en poder de Laura Sarabia y esposo, objeto de hurto ocasional en su lugar de residencia. De este primer hecho, con ya cruentas consecuencias, surge un segundo bloque cash: la enorme cifra de 15 mil millones de revaluados pesos colombianos, aportados por “inversionistas” -no donantes-, a la campaña del presidente, que aberraron el resultado de las elecciones del año anterior. “Si se llega a saber quién puso esa plata nos vamos todos a la cárcel”, espetaba en tono amenazante, Armando Benedetti a doña Laura, ante la negativa del presidente y su jefa de gabinete a conceder mayores cuotas de poder a su alfil costeño. Cash fue el dinero recibido por Petro Jr. procedente de narcos convictos; el mismo empleado en la compra de una mansión y otros lujos en Barranquilla; cash los aportes de candidatos a extradición tras la visita del hermano a cárceles con población de billetudos; cash la inversión, por fuera de cuentas de campaña, destinada a más de 30 concentraciones multitudinarias a lo largo del litoral caribe (¿se trata acaso de parte de los quince mil citados por el exembajador?) Inútil sería insistir en los fajos de billetes recibidos años antes en la penumbra por el mismísimo presidente actual del país, ya enterrados en el olvido, o las valijas repletas de dólares producto de secuestros, hurtos o extorsiones ejecutados por el grupo de bandidos del cual fue miembro orgánico. 

Al tiempo, la forzosa bancarización impuesta a comercio, agro e industrias, la facturación electrónica y otras normas obligantes cuyo objetivo final es el seguimiento fiscal de las transacciones, no tienen reversa posible. El ciudadano sometido, dispuesto siempre a acatar mandamientos que el gobernante, evadiendo controles y restricciones, moviéndose en las sombras, ignora. 

Cash, cash es el nombre del juego 
 


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