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Opinión / ABRIL 11 DE 2024

El país en medio de llamas

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Es duro el momento que vive el país con reformas rodeadas de fuegos, llamas y ofensas donde ojalá esas llamas cambien como si fuera otro Pentecostés, donde toda la sociedad, estratos y niveles sociales, empresarios y partidos vivieran o sintieran al país con ese fuego que nos rodea y sea una nueva venida del Espíritu Santo, fuego ardiente pero de felicidad, abrazados con los amigos y adversarios, viendo el dolor del país, de una sociedad que sufre y está herida, que a través de esa Unión Celestial, multipliquen resultados, defiendan y salven ese espacio de tierra que nuestro Señor dejó, Colombia, para hacer lo que 50 o más millones de ciudadanos sueñan y quieren extender al mundo, un ejemplo de lucha apartando intereses personales. Dios quiera que ese nuevo Espíritu Santo sirva para borrar esos egoísmos, que vienen dañando al país. 

Leyendo los Hechos de los Apóstoles 4, 13-21 qué casualidad, el texto es casi idéntico a lo que vive el país, una sociedad que vive y conoce lo que sucede, desorden institucional, aunque expresan que no han oído nada, en silencio siguen muchos generando daños a las finanzas del país, ya no en silencio, es abierta, sin control y con apoyo de muchos, con ejemplos claros que el país ya conoce. Esos gritos de unos que se atreven a pedir justicia y dicen defender al país, cuando ni siquiera se atreven a corregir o eliminar errores, prefiriendo taparse los oídos, cerrar los ojos, ni poner atención, fingiendo no saber nada, para seguir gozando sin tocar sus privilegios y beneficios como lo han hecho Ej: Reforma a las Pensiones. 

Es vergonzoso como la mentira y la verdad la cambiaron, convirtieron las mentiras en verdad, señalando culpable de las llamas que hoy encienden el país, a la verdad, donde los únicos que debían apagar los incendios, El Congreso, los dejaron crecer afectando a empresas públicas y privadas, que por no actuar y no hacer el control en su momento, culpan a otros, olvidando que fueron elegidos no para ocultar al país errores o incendios dejados, que para quedar limpios, acuden a una oratoria falsa, hiriente, cargada de rencor con sed de venganza, usando unos el poder de elegidos para coger recursos ajenos (F.N.C.), dividir o usar el Coliseo de la Democracia el Congreso, como si fuera un cuadrilátero para maltratar, negar o parar reformas, desquitarse o gozar esperando a ver quién triunfa o cae primero. Increíble. 

Ya muchos pasaron la raya, abusando del poder, mostrándose ante la sociedad ser líderes o gobernantes no aptos para lo que requiere o espera el país, pero sí muestran ser personajes que les gusta impulsar o provocar más fuegos en vez de construir, disfrazando con esos gritos ofensivos e hirientes, incapacidad de aportar soluciones, pero si van a proteger sus intereses, no perder poder y repetir como lo han hecho otros, sacar provecho a la estructura del país que está al revés con inmensos vacíos antes que otros la corrijan. ¿Hasta cuándo aguanta así Colombia?


 


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