Opinión / DICIEMBRE 03 DE 2017

El valor de la historia

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Los hombres no solo hacen la historia, sino que la viven y la escriben.

La historia es fuente de todo conocimiento, ineludible e imprescindible, para la comprensión y el entendimiento de lo humano. Sin ella no sabríamos lo que hemos sido ni cómo llegamos a ser lo que somos. Es el espejo en el que nos miramos y por el cual identificamos esa razón de ser nuestra en la psicología, la economía, la política y en todo lo relacionado y relativo al hombre. Una disciplina, es cierto, que tiene la complejidad y la dificultad de un camino que solo va dejando huellas pero que no se sabe con seguridad hacía dónde conduce. En la historia es evidente aquello de que somos seres que se reconocen en la contingencia, en la fragilidad, la falibilidad, en la certeza de un mañana que quizá no sea nunca, porque nada es para siempre. La incertidumbre es pues parte de la condición humana y a ella le apunta la historia que a pesar de las vicisitudes –en sus periodos de regresión como en sus fases de progreso- tiene por función reconstruir y ordenar un pasado que a los ojos del presente ayude e ilumine nuestra concepción del futuro. 

Ir al pasado a profundidad y de un modo más duradero es el objetivo del historiador que encuentra en la interpretación de los hechos el encadenamiento necesario y suficiente para la explicación y justificación de una historia que progresa bajo ciertas pautas y realiza en ella las metas del futuro. A esto aportan las ciencias, la tecnología, y la voluntad humana que está orientada por una finalidad y una visión de largo plazo. En este caso habría que hablar de historias, no solo de lo social, sino de las ciencias, el arte, la religión, las lenguas, la economía, la tecnología, las costumbres, los hábitos, el clima, la biología, en fin, de todo aquello en donde tiene lugar algo relacionado con el hombre, con el tiempo y el registro de la memoria. 

Es de reconocer que la historia, que a veces opera a saltos, con sus retrocesos y avances, no es un movimiento ciego y azaroso. El hombre la interviene y la modifica, forja pautas de acción y establece secuencias de causa y efecto en partes importantes de los procesos sociales y en la misma dirección del desarrollo humano, tanto es así, que hoy es más consciente del factor antrópico y cuáles las consecuencias en la conservación de la especie y en el trato con la naturaleza. Prevenir, anticipar, reparar, evitar, son verbos que se conjugan y se hacen realidad por un previo y enriquecido entendimiento para una mayor comprensión de los procesos y sus efectos.

Todo lo que acontece cuenta con su historia. La familia, la comunidad, el barrio, la persona, giran alrededor de su propia historicidad, y la imagen que el hombre tiene de sí mismo es la mirada en la que adquiere una dimensión la experiencia vital reconstruida, pensada y anhelada en el sentido y la dirección de la historia. Para el efecto introduce valores o categorías esenciales comprendidas en palabras abstractas como democracia, libertad, igualdad, justicia. Un ideal de progreso social y humano que está simbolizado y representado en el logro de unas metas colectivas.

El contenido de estas categorías es definitivo y decisivo a toda reconstrucción histórica, sin ellas toda historia es vacía y carece de significado, queda como letra muerta abandonada a su suerte.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net