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Opinión / NOVIEMBRE 05 DE 2023

Enferma, pero bonita

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La estética gótica de Tim Burton ayudó a que la palidez y las ojeras pasaran de ser un símbolo de cansancio, mala noche y padecimiento, a ser rasgos que algunos emo fetichistas incluso consideraban un aliciente erótico.  El siglo diecisiete, coqueto y pomposo como pocos, tuvo un canon cortesano de belleza que, al igual que la estética en la obra Burton, encontraba atractivo parecer en el lecho de muerte. Un tono de piel blanco extremo se consideraba irresistible. Todos querían parecer una mezcla de muñecos de porcelana con cuerpos reposando en ataúdes, porque con ello demostraban que eran de clase social alta, ya que los cosméticos eran carísimos y la piel megacaucásica indicaba que la persona no necesitaba trabajar bajo el sol para mantenerse económicamente. 

Y aunque ya existían las cremas para limpiar el cutis, borrar pecas, eliminar espinillas y atenuar arrugas, era habitual que las mujeres adineradas emplearan sustancias de todo tipo para aclarar el color de su cara y de sus manos. Llegaban incluso a resaltar sus venas con un lápiz azul. La importancia de ser “blancamente jóvenes y bellas”, hizo que la nobleza aristocrática del diecisiete consumiera pócimas,  menjurjes, y se aplicara polvos, por asquerosos que fueran. 

Muchas eran las fórmulas mágicas que se compartían para mantener un cutis de k-pop coreana, pero ninguna tan extraña y curiosa como la bucarofagia: la costumbre de comer, a trozos, vasijas de barro. Sí, queridas lectoras y lectores, estas personas se comían el termo en que enfriaban el agua… PARA BLANQUEAR SU PIEL. Pero, no lo sé, Rick… ¿esto funciona? La repuesta corta es sí. Al parecer, si uno se come las materas de la casa sí blanquea su piel y baja de peso… pero como consecuencia de la anemia monumental que esto ocasiona. Cubrir con esta arcilla las paredes intestinales dificulta la absorción del hierro y de otros nutrientes esenciales en el organismo. De acuerdo con mi fuente médica, el consumo de recipientes de arcilla puede acabar en oclusión intestinal severa, e incluso en muerte por fallo hepático, pues el material puede obstruir las vías biliares. 

Ante la creciente demanda de búcaros en esa época, algunos alfareros, buenos negociantes, usaron arcillas más suaves con el ánimo de que se pudieran triturar más fácilmente con los dientes. También empezaron a añadir especias, saborizantes y perfumes en el barro, antes de su modelado y horneado. El consumo de búcaros se incrementó debido a que algunos de sus componentes podían provocar efectos narcóticos e incluso adicción; los confesores imponían penitencias a las pecadoras prohibiéndoles comer sus adoradas vasijas. También era usado como método anticonceptivo, porque podía interrumpir el periodo menstrual, pero por el estrés al que se sometía el sistema digestivo y el cuerpo en general.  

Así que si usted lo está considerando, primero haga cuentas: cómo lo trata la vida, cuántas deudas tiene, qué tan avanzado está el cambio climático, y después, hechas las sumas y las restas, decida si deja a la vecina con balcón y sin materas.


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