Opinión / DICIEMBRE 02 DE 2020

Entre el ruido y el silencio

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El ruido y el silencio, dos aspectos de la vida que se contraponen y que tienen muy claros sus límites naturales, genera toda clase de contradicciones humanas bien particulares. Para algunas personas, por ejemplo, la tranquilidad viene dada por esos estados de quietud que se consiguen más fácilmente a través del silencio; para otras, en cambio, es bastante insoportable un estado —o un espacio— en el cual no haya ningún tipo de sonido que rompa el imperio taciturno.

Para la muestra un botón, en la madrugada del día de ayer, la tradicional alborada criolla se dejó sentir en gran parte de las ciudades del país a través de reuniones sociales de celebración, música a gran volumen, limón, ron, aguardiente y, por supuesto, la infaltable pólvora que atraviesa los cielos con estallidos de múltiples opciones. 

Sin duda, el ruido penetrante de este tipo de ‘bienvenidas’ a una época del año —la que muchos consideramos la más alegre— hace que los silencios de la noche se interrumpan abruptamente y afloren las diferencias por este tipo de actos. Primero, emergen los silenciosos, aquellos que aprecian como un tesoro la pasividad de la noche, el cuerpo suave de sonidos de grillos y del viento que se acercan más al silencio que al ruido. A su vez, los defensores de los animales, hacen todo lo posible por denunciar el trauma que viven estos a la hora de enfrentarse al excesivo ruido de la pólvora. 

En otros contextos, el ruido deja de estar solamente relacionado con aquello que ingresa por los oídos. La abundante información en redes sociales, verbigracia, hace que estemos expuestos a un constante maremágnum de datos que impide muchas veces concentrarnos en lo verdaderamente importante. Incluso, muchas personas han logrado relacionar al acto de desconectarse como una acción necesaria para estar en esa paz silenciosa que dejó de existir cuando la tecnología fue usada por la humanidad en casi todas sus actividades. 

Es bastante particular esa diferenciación que hacemos de forma continua en cuanto a silencio y ruido. Permanentemente, se configura como una prueba de lo diferentes que somos, de lo que nos gusta percibir a través de nuestros sentidos y de lo que queremos experimentar. Algunos disfrutan el murmullo bullicioso de una ciudad en hora pico y otros la elocuencia majestuosa de un ambiente natural.  Unos prefieren ir de paseo a un lugar recóndito, casi que exclusivo, mientras que a otros solo quieren estar en donde el tumulto de la gente gobierne. 

En todo caso, cualquiera sean los gustos y las experiencias, ambos fenómenos permiten vivir la vida de múltiples maneras. Hoy, podremos estar rodeados de gente y disfrutarlo. En cambio mañana, a lo mejor, anhelaremos estar sin prisa y en silencio. Cualquiera sea la decisión, lo importante es hacerlo sin pasar por encima de los otros.


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