Opinión / OCTUBRE 09 DE 2021

Enviar y reenviar

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Cada bello amanecer, te anuncia un nuevo día en el cual algo te saldrá mal porque, no importa qué resuelvas hacer, seguro te equivocarás. Aunque recibas y reenvíes por tu WhatsApp centenares de redundantes mensajes, videos y memes de autosuperación; refulgentes, risueños cartelitos descolgados de Pinterest, con máximas haciéndote creer que eres persona privilegiada, debes prevenirte. Por muchos de estos ilusos mensajes que de buena voluntad te reenvíen, ten la certeza de que, si algo te puede salir mal, saldrá mal. La vida es aquello que acontece mientras construyes otros planes. Tu vida, con celular en mano mientras tecleas ambidextro y acelerado, sucede mientras chateas y ni siquiera te das cuenta de quiénes están a tu lado. Si no evacúas con frecuencia el indigesto chat para eliminar esos reenvíos de infructuosa fe y jadeante esperanza, de naturaleza consoladora que ni siquiera lees y no contrarrestarán las malas noticias que también te envían y reenvían, debes saber que de dos acontecimientos posibles solo el indeseable te ocurrirá. Y cuando esto suceda, no recordarás cuál de tus contactos te reenvió ese trivial recado de fe. No hay límite para que las cosas puedan resultar mal. Cito algo que escribió James Hagerty, olvidado y meticuloso secretario de prensa de la Casa Blanca por los años 50. Parece microrrelato de humor negro, pero es disertación de sicología cotidiana y punzante masaje terapéutico para dárselo a cuantos, desde el amanecer, para hacernos copartícipes del insomnio que soportaron, envían y reenvían esos mensajes de confort existencial: «Desesperado, me senté a pensar un día. Sobre mi hombro sentí la suave presión de una mano cálida y una sabia, sensata voz que me reconfortaba, asegurándome: “¡Vamos, alégrate, las cosas podrían ser peores!”. Me puse de buen humor y tal cual, las cosas se pusieron peores». Escombros de coaching. Si no crees en nada y te previenes contra todo, no solo contra los noticieros habituales, y libros de autoayuda, y vociferoces telepastores, pero sobre todo de aquellos coelhlianos reenvíos que te dicen “vamos, alégrate”, reconocerás la certeza de que nacer es una miseria, vivir es un dolor y morir un problema que jamás redimirán los patéticos envíos y reenvíos que te hacen suspirar cuando observas y escuchas esos videos, dándote palmaditas amigables sobre la espalda.  ¿De verdad consideras que estos mensajes que ingresan y emigran, cruzando apresurados por tu WhatsApp, ayudan a sobrellevar desamparos, aislamientos, depresiones y soledades interiores y exteriores, a quienes se los envías? ¿Tu mecánico reenvío mejorará la conducta de un individuo, un grupo de personas, la sociedad o el mundo, al compartir apresurado esos melindrosos mensajes que, si se observa recibiéndolos y reenviándolos desde lustros atrás, a ti tampoco te han cambiado en nada? 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net