Opinión / DICIEMBRE 21 DE 2020

Escribir y narrar

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hay dos formas para participar de una manera activa en la historia… de un país, de una ciudad, de una persona. 

La primera, es siendo escritor, es decir, protagonista de los hechos principales, forjando el futuro, visionando lo que podría ocurrir y generando acciones positivas para que pase. Siendo arquitectos del futuro, dibujando ideas –a veces utópicas– en la imaginación, para luego crearlas en la realidad.

Es el caso de hombres como Fabio Arias Vélez, que de su puño y letra dibujó letras doradas en la historia del Quindío, de Armenia, de la Universidad del Quindío –y en especial de la facultad de Ingeniería–, del Club Rotario de Armenia y de incontables instituciones, que tienen en su anales, páginas donde sus ideas, su imagen y sus logros, aparecen con gloria.

Los que hacen la historia, son hombres y mujeres determinados, convencidos de la posibilidad de concretar los sueños. Son disciplinados, comprometidos y persistentes, incluso obstinados, pues eso de armar el futuro desde la sustancia –a  veces algo gaseosa– de los anhelos, corresponde solamente a unos pocos valientes.

Al cumplirse el natalicio del nacimiento de este hombre inolvidable y ejemplar, se organizó un conversatorio con la presencia de Ricardo Arias Mora –uno de sus cuatro hijos–, Luis Fernando Ramírez Echeverry –otro gran gestor– y Gilberto Montalvo Jiménez –amigo y periodistaa–.

Fue un viaje maravilloso por los recuerdos, también, una oportunidad para expresar reconocimiento y gratitud a un gran hombre que marcó una huella profunda y bella en la vida departamental.

A esos grandes, que tanto hicieron, que tanto entregaron, los registra la historia, en imágenes captadas por fotógrafos audaces y apasionados como Carlos Humberto Hurtado Granada, que más que obturar con su cámara fotográfica, lo hacía con su propia alma, que tenía los ojos bien abiertos al asombro, la percepción agudizada y una bondad que no le cabía por dentro.

“Pintaíto” marcó la historia del corazón… Él se dedicó a contar nuestros hechos en imágenes, nos dejó como regalo la eternidad, pues cada rostro capturado permanecerá para siempre, cada momento registrado en la lente, quedará de forma perenne… Cada paisaje, cada rayo de luz, cada reflejo sobre el agua, permanecerán... Gracias a él.

Una de sus obras favoritas fue aquella fotografía donde la arquitectura preciosa de la iglesia San Francisco de Asís, cercana al Centro Administrativo Municipal, se refleja sobre un espejo de agua… Se requería una sensibilidad particular para contemplar esa doble imagen, para poner la mirada en un lugar diferente, para captar ese instante de poesía y luminosidad, para ver mucho más allá de la obviedad… Ese reflejo quedó para siempre, sobre el agua limpia, tranquila, humilde y bella, como lo era él… 

Toda muerte duele, por supuesto, pues el vacío de la ausencia tiene dimensiones a veces insoportables. Como pueblo hemos de honrar la memoria de dos grandes hombres: Fabio Arias Vélez y Carlos Humberto Hurtado Granada, quienes quedaron grabados en el mármol del alma colectiva, cada uno, a su manera…


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