Opinión / ENERO 22 DE 2022

Estoy con Petro, es seguro 

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Todo me induce a votar por Petro, inspirador de un Estado laborioso y de asociación equitativa entre iniciativas públicas y privadas. Para proclamarlo mi candidato, me impulsan miramientos que desde lustros atrás bosquejo sobre mi región. Miles de quindianos de múltiples franjas socioeconómicas, no resistimos más desvalijamientos de la salud, lo laboral, lo cultural, educativo, político y humano, por parte de quienes nos han hecho sus continuos damnificados. Me estimula, también, el esperanzador hecho de contemplar renovaciones políticas escalando desde Chile y otros países latinoamericanos. Presagios contiguos del cambio  que,  con la tangible elección de Petro, como próximo presidente, favorecerá a nuestro país. Una Colombia diferente a esta con millones de colombianos proscritos por élites dirigentes a lo largo de su lúgubre historia. Petro nos representa más que otros aparatosos candidatos. Sin pretender debatir con personas de mis afectos acentuando dictámenes simplificadores para desprestigiarlo, compruebo, por extensión, que las consecuencias sociales y económicas de las colisiones populares mejicanas, mediante el avance ideológico de López Obrador; igual que el de Alberto Fernández, en Argentina, son potentes muros que refrenan el avance conservador y neoliberal. Entre miles de jóvenes que votarán por Petro, la imagen progresista y juvenil de Gabriel  Boric  también contribuye a incrementar la de nuestro candidato, consolidando modelos opuestos a esquemas estatales donde languidecen  Bolsonaros  o  Macris. El triunfo de Pedro Castillo, en Perú;  y de  Xiomara Castro, en Honduras, impugnan la vetusta narrativa neoliberal como la emplean para manipular al pueblo en votaciones. Inconfundible en Colombia donde dicho modelo no se beneficiará, en estas elecciones, del efecto sicológico que en las anteriores fue productivo socialmente para la declinante casta de políticos tradicionales. Las movilizaciones juveniles, gremiales, indígenas y de heterogénea condición que despabilaron a Colombia, impugnan tales relatos. Los desactivan frente a una población crítica y deliberante. Las nuevas generaciones, descubren en los programas de Petro aquello que ningún líder había generado antes. Ya no convence a ninguno el relato anticomunista para oponerlo a candidaturas progresistas. Mucho menos se catequiza a una generación crítica y deliberante informándose, notificándose y participando mediante redes y medios alternativos, y no a través de periódicos y noticieros tradicionales implantando en el colectivo popular la imagen de aquel a quien imponían como presidente.  Estrategia diestra para confrontar movimientos reivindicadores. Contra radicales populismos de izquierda, fuerzan la polarización perfilando a su vez líderes populistas de derecha, también radicalizados. Porfiando contra Petro, hay una folclórica y enardecida réplica de Gabriel Antonio Goyeneche. Hoy por hoy, mientras Petro crece en las encuestas, las redes y el voz-a-voz afrontando las escabrosas campañas difamatorias de sus iracundos opositores, Colombia reconoce el valor humano de un candidato que persuade por su claridad política y genera condiciones para que gane la izquierda.


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