Opinión / ENERO 21 DE 2022

Génesis de una agresión 

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Las diferencias de orden conceptual, político, religioso, territorial, deportivo y muchas más, así como las malas interpretaciones nos llevan a confrontaciones, dicen algunos, inherentes a la condición humana; incluso el lenguaje no verbal está lleno de expresiones que pueden desembocar en agresiones o conflictos mayores.  

Nuestra sociedad actual está inmersa en la inmediatez, el afán por obtener resultados y para ello nos apoyamos permanentemente en computadores, tabletas, celulares y muchos dispositivos más que nos acercan al mundo casi que instantáneamente, alejándonos de paso de quien está a nuestro lado, al punto que lo ignoramos; mientras cenamos estamos más cerca de un desconocido a miles de kilómetros nuestro que de los comensales del lugar, creamos abismos entre nuestro cónyuge que está a centímetros nuestro y levantamos puentes con otros personas al otro lado de la ciudad, la cabeza inclinada en nuestro medio no es propiamente un signo de reverencia japonés, es la manía de no dejar WhatsApp sin contestar, selfi que enviar, o Facebook que consultar, priorizando estas actitudes al sencillo gesto de levantar la cara para saludar.  

Nos olvidamos del inmenso poder que tiene el saludo cordial, los muy buenos días y esa mágica sonrisa que se dibuja en nuestro rostro cuando la pronunciamos sinceramente, del efecto maravilloso que produce en los demás, disipa las penas, aleja temores, eleva la autoestima y acrecienta la esperanza, entre muchas otras cosas.  

Un saludo oportuno, sonoro, afectuoso, que salga del corazón es la mejor arma para disipar conflictos, para ahuyentar rencillas, para clausurar antagonismos y nadie necesita más de él, como aquella persona que es incapaz de saludar a los demás.  

Cuando nuestro día inicia saludando al hacedor de todas las cosas con expresiones de agradecimiento por la vida, la salud, la compañía de nuestros seres queridos, el alimento y entendemos que, en medio de nuestras limitaciones, existen muchos seres mejores que nosotros en peores condiciones, nuestro corazón agradecido necesariamente hará sonoras las mágicas palabras Muy buenos días y para alguien en ese momento todo empieza a ser mejor, más aún cuando puede ser la única expresión afectuosa que escuche en todo el día.


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