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Opinión / MAYO 20 DE 2024

Gentrificación

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Quizás no lo notamos, pero la gentrificación es una realidad que gana terreno día a día en el Quindío y en el mundo entero.

Para muchas personas en la región cafetera de Colombia el término gentrificación es completamente desconocido. Lo que no es ajeno a su realidad es el aumento en los precios de los alquileres, alimentos y recreación en las zonas que antes eran populares y que, de un momento a otro, comenzaron a recibir personas con mayor poder adquisitivo; en algunos casos turistas, familiares de gente que trabaja en el extranjero, jubilados o nuevos residentes. 

Estos seres humanos llegan a las zonas populares con proyectos inmobiliarios, de embellecimiento, mejora, y de negocios que comparten una característica: están dispuestas a pagar un poco más por lo mismo que siempre se había ofrecido en la zona, por ejemplo, están dispuestos a pagar 2.000 pesos por una arepa que en realidad podría valer 500 pesos, desplazando a la población local tanto económica como sociocultural y espacialmente.

De manera común, la gentrificación se percibe, por ejemplo, como el nacimiento de panaderías donde comienzan a vender “las cosas que le gustan al turista” y no las de siempre, porque el turista deja más dinero; o la aparición de barrios populares completamente amurallados por torres de edificios, edificios que fueron construidos con la mano de obra de los mismos habitantes de esos barrios que hoy encierran, y que comienzan a ser sus proveedores de vigilantes, jardineros y auxiliares domésticos; como lo ocurrido en el sector de La Mariela y El Salvador Allende en la capital quindiana.

También, la gentrificación arriba en ámbitos como el académico, donde se ve el nacimiento de colegios a los que no pueden acceder los habitantes antiguos, obligando a que las personas comiencen a vender sus propiedades y a desplazarse hacia zonas de la ciudad, o a pueblos cercanos, donde el costo de vida sea más asequible a su presupuesto.

Este fenómeno ya se ha vivido en otros países y ciudades con vocación turística o que han sido paraísos donde llegan los jubilados extranjeros. 

Una cosa interesante es que, aunque la gentrificación se ha documentado en zonas populares, también puede verse un fenómeno de desplazamiento sociocultural y de actividades económicas que ocurre en el estrato 6. En el Perú, por ejemplo, en el barrio Miraflores de Lima, las familias han vendido sus casonas tradicionales, desplazando sus hogares para dar paso a edificios y restaurantes. O, para no ir muy lejos, solo hay que ver lo ocurrido en la zona norte y el parque Fundadores de la bella ciudad Armenia. 

Pero hay otra forma de verlo, quizás, como la oportunidad que tiene aquel ser humano que vendió su propiedad en la zona popular para incrementar su nivel de vida, porque al final del balance los cambios traídos por la gentrificación no son necesariamente malos, a veces impulsan mejoras, y aunque en la mayoría de los casos no se percibe de esa forma, es una realidad que no puede desconocerse.


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