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Opinión / JULIO 11 DE 2012

Gran minería y sistemas políticos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

  Enviada por Carlos Vidales Rivera, la caricatura alude a la exigencia histórica del conquistador Pizarro al Inca, de colmar de oro y plata tres recintos, a cambio de su propia vida. El español incumplió; Atahualpa, satisfecha la condición, fue ajusticiado. Volvamos al dibujo; aparece un magnate multinacional, brazo en alto, rodeado de asesores, frente al cacique Humala (actual presidente del Perú) y a un grupo de campesinos. “Podemos mejorar la oferta – dice el negociante-. Si nos dan el oro les llenamos este cuarto de agua hasta donde llega mi mano. ¿Qué dicen?”

En respuesta, indagué a Carlos, sociólogo, profesor jubilado de la universidad de Estocolmo, exiliado desde edad temprana en varios países y residente desde 1980 en Suecia, hijo del escritor calarqueño Luis Vidales Jaramillo: Carlos, una paradoja de la nueva izquierda latinoamericana: Los gobiernos de Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia comprometidos en megaproyectos mineros condenados por intelectuales y por activistas de izquierda en los mismos países. ¿Cómo resolver la ecuación económica, ideológica y política así planteada? El pragmatismo neoliberal adoptado por nuestros zurdos caudilletes no hallaría mejores aliados en regímenes de derecha.

En últimas, ¿sí es la defensa del agua y del medio ambiente el motivo altruista de quienes se oponen al aprovechamiento de los recursos del subsuelo? O son más bien las supuestas desventajosas condiciones económicas de las concesiones? Hay dudas respecto a varios matices del problema. Ejemplo: ¿No existen posibilidades técnicas que aseguren la explotación minera con mínimo daño ecoambiental? ¿Si se dieran condiciones de equidad para las arcas públicas —¡imposible!, dirán algunos—, provecho real y concreto para las comunidades afectadas y respeto por las fuentes hídricas, ¿carece de sentido explotar la riqueza del subsuelo?

Responde Vidales: En esta época no hay “nueva izquierda”. Hay “neoizquierdismo liberal” en el mejor de los casos (gusto por reformas sociales y mejoras para el pueblo, siempre dentro de los límites del capitalismo) o, en el peor, “neoliberalismo de izquierda” (mucho desarrollo, sumisión a la economía de mercado, deslumbramiento por lo moderno y la “civilización”, tratando un poquito mejor a la chusma). La primera ilusión es un capitalismo “democrático”, sin superexplotación, que es la esencia del sistema. La segunda, que las clases dominantes de los países sometidos pueden ser tratadas “de igual a igual” por la gran burguesía de las metrópolis. Ambas formas de izquierdismo son traiciones, embelecos.

El quid: socialismo o capitalismo. Que la mayoría no vea esto, no prueba que la opción sea falsa. La tierra fue plana durante milenios, hasta cuando la gente (la sociedad) descubrió las ventajas económicas, intelectuales, culturales y científicas de una tierra con forma de pelota. La cuestión está en el concepto de “desarrollo”. Todo desarrollo dentro del capitalismo conduce a la destrucción del medio ambiente, al “desarrollo” de los explotadores y al subdesarrollo de los explotados.

¿Quién se queda con el oro, con las ganancias, con el derecho al consumo? El desarrollo socialista es otra cosa: distribución justa de los beneficios y ganancias, producción ajustada a las necesidades de la población, ausencia de parias y miserables, participación de todos en la producción, tecnología, cultura, los derechos, la convivencia y la paz. Esto se escribió en 1871, durante la Comuna de París. Los comuneros fueron masacrados y fusilados en nombre de la “democracia” y la “civilización”. Pero sus ideas volverán y habrá nuevas luchas y nuevas guerras, ya no de opresión y exterminio sino de liberación y redención.

En latinoamérica, distingo entre los “neoizquierdistas liberales” como Chávez, Evo, Correa y Fernández (cada cual con sus particularidades) y los “neoliberales izquierdistas” (Humala, los socialistas chilenos de la “concertación” y otros); no creo que ninguno de ellos esté en condiciones de abordar el problema fundamental: cómo derribar el sistema capitalista y sentar las bases de una sociedad humana, socialista. Eso, si sobrevive la humanidad a toda la infamia en que está sumida, lo verán las generaciones futuras, dentro de unos mil o dos mil años. (Lo último es solamente una frase retórica).

De una o de otra manera, cada uno de los jefes de Estado de América latina es un lacayo miserable de alguien de afuera. Saludos.

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