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Opinión / FEBRERO 29 DE 2024

Guerra de egos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

No estoy enterado, pero seguramente ya se adelantaron  reuniones para promover una reflexión colectiva, para propiciar un espacio de análisis y autocrítica positiva entre los sectores de la izquierda quindiana, con miras a revisar su papel en la última campaña electoral. 

Seguramente pasadas las elecciones y con los resultados al canto, no solo los petristas, pero también ellos, y otros sectores que pretenden representar las ideas progresistas, tienen con militantes, simpatizantes y en general con los electores, el deber de contestar a preguntas inevitables: ¿cómo nos fue? y ¿porque nos fue así? Necesario punto de partida para encarar el futuro de esa tendencia en el ámbito regional.

Cuando se presenta, esa izquierda, con cuatro candidatos a la gobernación, cuatro, es decir con el 50 % de los candidatos que se postularon, lo menos que aparece es una realidad tozuda, no hubo acuerdo alguno para presentar una fuerza cohesionada que le hiciera frente a una clase política tradicional desgastada al extremo. Pero si además la suma de los porcentajes de estos candidatos solo alcanza en las elecciones de octubre el modestísimo 6.42 %, estando por debajo, por ejemplo, del 8.06 % de Atilano, el candidato de menor votación del establecimiento  político, la situación es grave.  

A parte de las evidentes rivalidades y malquerencias entre los líderes de los sectores en que se fraccionó la izquierda quindiana, quedó claro que ni siquiera se definieron posibles “jefaturas”, tan importantes en un país y en un partido caudillista como Colombia y  como el petrismo.

Se cambiaron algunos alfiles, eso sí, en otras instancias, como en la Asamblea Departamental, y se consiguió un importante renglón en el concejo de Armenia, pero nada más en un período con  presidente abordo y una representación importante en el Congreso de la República. Parece que se “rajó”, otra vez, la necesaria  claridad meridiana que permite entender que solo es posible cambiar el estado de cosas si se consolida una alianza amplia con la inmensa cantidad de gente demócrata inconforme que quiere cambios, con unos candidatos carismáticos, no sectarios, aunque su hemoglobina no sea estrictamente petrista.

Seguramente ya tendrán conclusiones de los resultados electorales en esas reuniones de los protagonistas de la izquierda regional. Se debió tejer mucho, e hilar delgado reconociendo errores y propiciando los necesarios pliegues de túnica, para reconocer aciertos a los ganadores; los habitantes del pueblo llano están a la expectativa por conocerlas, también el verdadero cambio en el Quindío pasa por el fortalecimiento de una alternativa de izquierda, menos dogmática, más competitiva y plural, que no le siga haciendo el juego al pobre decorado de nuestra realidad política.      

De lo contrario, nada nuevo surgirá en el horizonte político quindiano, la escena continuará inalterada, seguiremos siendo una postal, un retablo color sepia del alumbramiento, que no cambia con los años: el mismo establo con la familia en espera de la buena nueva que no llega, los mismos reyes magos otra vez con sus dádivas, los asnos laboriosos pero necios, el buey y las ovejas que parecen caminar de nuevo al matadero.

Además de la guerra de egos, seguimos a la espera de otras conclusiones. 
 


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