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Opinión / JUNIO 17 DE 2024

Hasta la coronilla

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

“ya me tienen hasta la coronilla con la put… banderita, ¿cuántos colores más le van a poner? ¿Por qué la tienen que colocar a la misma altura que la nacional?” 

Estas son preguntas que ya he escuchado de varias personas y pienso que la extralimitación de la lucha progresista y la saturación en los medios de comunicación está poniendo en riesgo los triunfos LGBT, pues de alguna manera el discurso se ha transformado, sumando seres humanos cuya ideología comenzó a meterse en la cama y en la ropa interior de las comunidades. 

No sé si lo recuerda, pero la sigla original solo tenía cuatro letras y todas estaban referidas al sexo biológico del individuo que sentía o decidía tener una opción sexual diferente a la heterosexual. 

El signo de suma y el resto del abecedario no hacía parte de la sigla ni de la lucha LGBT por poder heredar, tener derecho a la pensión del cónyuge, a un trabajo digno y a la expresión de su amor sin temor a la violencia; menos aun la lucha tenía algo que ver con la deconstrucción de la masculinidad o la destrucción actual del concepto de mujer que parecen percepciones sacadas de la mente de alguna persona con mucho poder, pero resentida y rechazada por algún heterosexual en sus avances.

La lucha era por los derechos civiles que con esfuerzo y mucho trabajo fueron adquiriéndose. Pero el progresismo tergiversó este triunfo y ha pretendido que la igualdad se convierta en privilegios enmascarados en equidad; en esa ingeniería social que sacó de los bares y conversaciones sórdidas esa frase de: “a ese macho con dos tragos lo volteo” al plano de la legislación y la homofobia.

Tristísimamente la lucha LGBT, que, después de sus triunfos se ha trasformado en el circo LGBT PLUS, incluyendo trans especies, una amplia gama de disforias y enfermedades mentales, cambio en el uso idiomático del masculino y el femenino, la deconstrucción de la masculinidad, la muerte del concepto maternalmente femenino de mujer y hasta la terrible inclusión de la pedofilia, la ideología desligada de la sexualidad y la errónea idea de que para ser homosexual hay que ser de la izquierda reaccionaria.

Hoy la lucha LGBTQI+ está logrando que la gente se sienta hasta la coronilla con la abundancia de banderitas y con la superabundancia de colores en la bandera. Todo este exceso está consiguiendo el mismo efecto que la saturación de medios y la inclusión forzada en el cine: que las mayorías ya no quieran verlas, y peor aún, que le estén perdiendo el respeto o ignorando nuevamente a un grupo de seres humanos que, con esfuerzo y lucha, a través del tiempo, han conquistado su lugar en la historia; un lugar que no debería ser el de un circo más, sino el de una nueva tabla de valores que le demuestre a la mayoría heterosexual que la heteronormatividad no es la única regla para medir la moral, el amor, la familia y el éxito.


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