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Opinión / MARZO 09 DE 2023

Holgazanes y rapaces

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El asunto estaba cantado desde varios meses antes de las elecciones presidenciales. Las deudas de Petro Jr. y sus promesas de pago a los impacientes acreedores “cuando pase la segunda vuelta”, dejando a las claras sus expectativas económicas, cifradas en cuánto podría obtener entre bambalinas tras el anhelado éxito electoral del progenitor, fueron divulgadas entonces, sin alarma ni condena por parte de quienes tendrían que sentirlas y expresarlas. Igual ocurrió en el caso del ‘pequebrother’, y las subrepticias visitas a las cárceles, agenciando, a cambio de dólares cash y apoyos electoreros, la promesa de rebajas de pena o no extradiciones, en nombre y representación del gran hermano, hoy profeta y promotor de la paz total. Algo de polvareda levantó la revelación y poca, muy poca incidencia tuvo al interior del tétrico Pacto y en el resultado final del escrutinio. 

Exacta réplica de lo sucedido en Perú con la familia de Castillo, donde esposa, hija, cuñada, sobrinos, hermanos y demás parentela, resultaron de lobistas, de taimados ejecutores de corruptelas; con la de Ortega y su vicepresidenta -por casualidad, en simultánea, también compañera de alcoba-, o en Venezuela, donde los próximos a Chávez y a Maduro sí alcanzaron el cielo financiero, a excepción de los sobrinos de Cilia, la primera dama del régimen, quienes purgan penas por narcotráfico en Estados Unidos. Sobra la mención de Argentina, donde Máximo, el delfín de la vice, Cristina Fernández, miembro del Congreso ha sido coautor de delitos contra el patrimonio del Estado en cuantías inverosímiles. Pero, asómbrense; en el México de quien se proclama campeón de la transparencia y la incorruptibilidad, en el país de Amlo, uno de sus tres hijitos resulta enlodado por obtener dádivas ya comprobadas, ‘de un contratista de Pemex, la petrolera estatal. El silencio del presidente frente al hecho es vergonzoso. Quien se atreva a agitarlo en alguna de sus “mañaneras”, será tachado de conservador corrupto. Se confirma una vez más la validez del término, “zurda”, para distinguir a la izquierda política: hace lo mismo que la derecha, a la cual odia a muerte, pero lo hace mal. 

De regreso al ámbito nacional, convendría, para tranquilidad de la familia Petro y de sus fans, que el jefe de familia convenciera a todos, de una vez y para siempre, de su total inocencia en el episodio de los fajos de billetes recibidos por él en la penumbra. No, no se trató de un mal ejemplo; era la caja menor de una campaña, filmada por un traidor. Igual, a manera de moraleja, salta otra reflexión: el mejor camino, el más seguro y digno, de realización personal, es el estudio y el trabajo honesto, el esfuerzo, el lucro legítimo. La holgazanería lleva a la rapacería, al vicio, al delito. 

La voracidad desatada, desde luego, no es actitud única del bebé presidencial colombiano. Imaginemos la de todo el círculo de poder petrista. Una rebatiña entre fieras de la cual muy poco saldrá a la luz.


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