Opinión / NOVIEMBRE 30 DE 2021

Infames pasivos ambientales 

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  1. La contabilidad es la actividad que emplea diversas herramientas y técnicas para cuantificar, medir, comparar y analizar la realidad económica y financiera de una empresa, organización o entidad económica, y le sirve para desarrollar sus relaciones comerciales; en ese contexto los activos en una empresa son los bienes y recursos de los que dispone, mientras que los pasivos son todas las deudas y compromisos adquiridos. De allí que, el concepto de pasivo ambiental tiene su origen en la dinámica productiva y empresarial, sin embargo, mientras las deudas financieras siempre son presentadas minuciosamente en el balance contable; los pasivos ambientales casi nunca se registran en la contabilidad de las empresas, tal vez porque se entienden como pasivos ambientales aquellos episodios realizados por el hombre que impactan negativamente el medio ambiente la calidad de vida de las personas, los animales y los recursos naturales. Aunque Colombia es un país prolijo en normativas, aún no se han aprobado leyes que reglamenten los pasivos ambientales mineros, ni de ninguna otra índole, pues apenas se acaba de presentar ante el congreso el proyecto de Ley 574 de 2021, teniendo en cuenta que ya fracasó un intento sobre ese mismo aspecto en el 2018 con el proyecto de Ley 056. Y es que, la gran mayoría de actividades humanas generan impactos negativos sobre el medio ambiente; la producción agrícola, la ganadería, la construcción y obras de infraestructura en general; pero en especial la explotación minera y la extracción de petróleo desencadenan enormes daños a los suelos donde se desarrollan esas dinámicas productivas, por lo que es muy importante que los gobernantes, los congresistas, diputados y concejales, comprendan que los pasivos ambientales se deben contabilizar, en el entendido de que se trata de las afectaciones a la comunidad por parte de las empresas en zonas donde desarrollan sus actividades productivas, allí quedan esas deudas con la comunidad, sin embargo, los economistas, contadores y administradores se refieren a los pasivos ambientales, como externalidades en sus procesos; como si se tratara de fallas ajenas al control de las empresas. Es por eso que he venido insistiendo desde esta columna de opinión, que es urgente establecer los indicadores que posibiliten identificar los pasivos ambientales bajo dos perspectivas: la valoración económica y la punibilidad para establecer la responsabilidad jurídica, el asunto es extremadamente complejo, pues establecer el valor económico de una actividad por su grado de contaminación y de daño ambiental es demasiado difícil por lo intangible de algunas dinámicas degradantes de los recursos naturales y del medio ambiente. En el departamento del Quindío son evidentes los infames pasivos ambientales desencadenados por los cultivos intensivos de aguacate  hass, en zonas cercanas a áreas de protección ambiental, que demandan grandes cantidades de agroquímicos; las recurrentes masacres de abejas y otros polinizadores, por la utilización descontrolada de fungicidas, pesticidas y plaguicidas, además de la evidente presencia de minería ilegal en varios municipios quindianos, lo que debe preocupar a las entidades vigilantes de los recursos naturales y el medio ambiente. La academia, las organizaciones ambientalistas, los mandatarios, congresistas y líderes tienen una gran tarea por cumplir.

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