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Opinión / JULIO 24 DE 2016

Julio 20 de 1810

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Hace  206  años el alcalde  de  Bogotá  José Miguel  Pey   aprovechó el papayazo  de  que los ánimos estaban exaltados  para  capturar  y  desterrar  al virrey de la Nueva Granada  Antonio Amar y Borbón,  lo  que le permitió ser el primer  nacional  en  ocupar  el  poder  ejecutivo.

Esa mañana los criollos Francisco  y  Antonio Morales  fueron  a la tienda  del español  José  González Llorente, a que  les  prestara un florero  de adorno a  la mesa  para  agasajar  al  comisario regio  don  Antonio Villavicencio  que   llegaría de visita en  la capital, pues  inspiraba confianza porque había apoyado en Cartagena el movimiento revolucionario.  

Como González aborrecía a los americanos  los ofendió con  vulgaridades, esto “prendió la mecha”  y se agolparon en  la  calle muchos  peatones  que  gritaron    mueras   al  chapetón. 

Había descontento  por el trato inicuo de las autoridades,  tiranía de más de  300 años, esclavitud de nativos, altos impuestos, exclusión en los puestos oficiales, monopolio del comercio que tenía empobrecida a la población  y el recorte de las pocas  libertades públicas.  

El ambiente  venía  tenso   desde 1776 por el ejemplo libertario de  Estados Unidos al independizarse de Inglaterra, el recuerdo de la insurrección de los comuneros en  1781 en El Socorro, Mogotes  y  Charalá   liderado por  Manuela Beltrán, José Antonio Galán y  Juan Francisco Berbeo   y   porque el santafereño  Antonio Nariño  y  Álvarez del Casal  había traducido y publicado la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa de 1789.  

También  calentó a los alebrestados transeúntes ese viernes de mercado frente al negocio del ultrajador, que  el precursor  de la independencia americana Francisco Miranda había  peleado  con George  Washington y en Francia,  y  que   Nariño hacía un año  estaba detenido en las  mazmorras  de  la  Inquisición  de  la  heroica.

La pugnacidad   veintejuliera  se acrecentó   por  la cobarde abdicación del Rey de España Fernando VII en  favor de Napoleón en 1808, pues los granadinos seguían fieles al Soberano, no querían tumbar  el gobierno  sino que el monarca español en persona  viniera  a mandar. Concientizó  al  vulgo  El Verbo de la Revolución el popayanejo  Camilo Torres Tenorio, con su   Memorial de Agravios  en   1809.   

Instalada  una  Junta  Suprema   para  escuchar a la  ignara  multitud que pedía cabildo abierto, El Tribuno del Pueblo  José  Acevedo y Gómez así  la  sermoneó. “Si perdéis este momento de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de seis horas seréis tratados como insurgentes. Ved  —señalando la cárcel—   los calabozos,  los   grillos  y  las  cadenas   que   os   esperan”.   

 

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